ChatGPT y Gemini entran en la "inserción relacional": robots sociales ya cuidan a mayores

Un grupo de autores plantea la inserción relacional para pensar cuándo la IA deja de ser solo una herramienta y pasa a ocupar un lugar en nuestras relaciones.

22 de julio de 2026 a las 08:09h

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Hay ideas que obligan a mirar la inteligencia artificial desde un ángulo menos técnico y más humano.

Un grupo de autores acaba de anunciar la publicación de un artículo sobre la inserción relacional, un concepto que entra de lleno en una pregunta incómoda. Qué ocurre cuando sistemas como ChatGPT o Gemini dejan de ser solo herramientas y empiezan a ocupar un lugar dentro de nuestras relaciones.

La inserción relacional mueve el debate fuera del laboratorio

No hablamos solo de máquinas que responden, sino de artefactos que pueden instalarse en espacios antes reservados a otras personas. Ahí aparece una continuidad llamativa con episodios históricos en los que el círculo moral se amplió hasta incluir a quienes antes quedaban fuera, como ocurrió con la abolición de la esclavitud o con la inclusión de los animales.

La comparación no iguala realidades distintas, pero sí sitúa el problema en el terreno adecuado.

Si una sociedad discute quién merece cuidado, consideración o algún tipo de vínculo, la tecnología deja de ser un asunto de ingeniería pura. También pasa a ser una cuestión de convivencia, como ya sugieren estudios sobre chatbots y soledad que examinan cómo ciertas conversaciones digitales invaden terrenos afectivos.

Los robots sociales ya entraron en el cuidado cotidiano

Mientras el debate filosófico madura, los robots sociales ya aparecen en tareas de cuidado de personas mayores. Ese dato saca la discusión del terreno abstracto y la coloca en la vida diaria, allí donde una voz sintética, una pantalla con ojos o una rutina de compañía pueden modificar hábitos, apegos y expectativas.

Ahora bien, cuidar no significa solo asistir.

Cuidar también implica presencia, reconocimiento y una cierta idea de reciprocidad. Por eso la inserción relacional resulta una noción útil para leer el momento actual, porque conecta los modelos de lenguaje como ChatGPT y Gemini con los robots sociales que acompañan a mayores bajo una misma pregunta sobre el lugar que concedemos a entidades no humanas.

El círculo moral creció antes y vuelve a tensarse

A veces la historia sirve menos para dar respuestas que para ordenar el desconcierto. La abolición de la esclavitud y la inclusión de los animales como sujetos dentro de una consideración moral más amplia muestran que el perímetro de nuestra empatía nunca ha sido fijo.

Ese perímetro cambia.

También cambia con fricciones, resistencias y contradicciones, no como una línea recta. En ese marco, la inserción relacional no describe solo una novedad técnica, sino el intento de nombrar un desplazamiento cultural que ya asoma en asistentes conversacionales y en robots de compañía y apoyo emocional.

La escena final no está en un laboratorio ni en una gran declaración pública. Está en algo mucho más concreto, un mayor que habla con un robot para sentirse acompañado y una sociedad que vuelve a preguntarse, como ya hizo otras veces, a quién decide sentar dentro del círculo.

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