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Xi Jinping colocó la inteligencia artificial en la misma estantería histórica que la máquina de vapor y la electricidad durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial de Shanghái.
La comparación no llegó sola. Mientras el presidente chino elevaba el tono político del debate, el Ministerio de Comercio estudiaba endurecer los controles de exportación sobre tecnología de inteligencia artificial y semiconductores, dos piezas que hoy pesan tanto como el software y el dato.
Pekín quiere tapar la grieta que dejó una compra de 2.000 millones
El giro tiene una causa muy concreta. Las autoridades buscan cerrar la laguna legal que permitió a Meta pactar la compra de la firma china Manus por 2.000 millones de dólares, una operación que Pekín acabó vetando por vulnerar las reglas de inversión extranjera.
Ahí entra un frente menos visible y quizá más decisivo, porque el Ministerio de Comercio ya ha contactado con Alibaba, ByteDance y Zhipu para estudiar límites a la transferencia al extranjero de datos clave para entrenar centros de datos y a la descarga de modelos.
También examina otra barrera industrial. Pekín evalúa restricciones para impedir que fabricantes como Qualcomm o TSMC adquieran semiconductores basados en diseños de Huawei, una señal de que la disputa ya no pasa solo por quién fabrica chips, sino por quién controla el diseño que les da valor.
China aprieta la salida de tecnología, pero no cierra sus modelos
No todo apunta en la misma dirección.
Los reguladores chinos no han contemplado restringir el acceso de clientes extranjeros a los modelos de las tecnológicas del país, que siguen siendo de peso abierto. Esa diferencia dibuja una frontera nítida entre proteger el circuito de datos y semiconductores, y mantener una vía de salida para el software.
En ese tablero encaja un chip propio de Alibaba, que ilustra hasta qué punto la carrera china por la inteligencia artificial ya mezcla centros de datos, modelos y silicio en una sola discusión. Cuando un país protege a la vez el dato de entrenamiento y el componente físico, lo que está blindando no es un producto aislado, sino una cadena entera.
Washington aflojó en julio lo que había vetado en junio
Estados Unidos también ha movido sus líneas en pocas semanas. A principios de junio vetó la exportación de los modelos de inteligencia artificial Fable 5 y Mythos 5 de Anthropic por razones de seguridad nacional, pero en julio levantó esas restricciones tras considerar que la empresa había reforzado su protección.
Ese cambio retrata una carrera donde las prohibiciones ya no son fijas, sino palancas que suben y bajan según el nivel de control que los gobiernos creen tener sobre los modelos. A un lado y otro del Pacífico, la pregunta empieza a ser la misma aunque cambie la respuesta.
El mercado ya notó el golpe cuando apareció DeepSeek
La presión regulatoria coincide además con un salto técnico que nadie pudo tratar como ruido de fondo. La llegada de DeepSeek en enero de 2025 provocó un desplome en Wall Street y en los mercados globales, un recordatorio de que un modelo puede alterar cotizaciones a miles de kilómetros en cuestión de horas.
Ahora otra startup china, Moonshot, ha lanzado Kimi K3 y supera al modelo Opus 4.8 de Anthropic en la mayoría de sus parámetros. No es un matiz menor si se recuerda que Washington había llegado a bloquear modelos estadounidenses por motivos de seguridad apenas un mes antes.
La escena final tiene algo de ironía fría. China estudia frenar la salida de datos y chips mientras deja abiertos sus modelos, Estados Unidos veta y luego desbloquea los suyos, y entre medias Kimi K3 aparece después de un enero de 2025 en el que DeepSeek ya había demostrado que un solo lanzamiento podía sacudir Wall Street.