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China ha decidido ponerle un límite legal a una escena que hasta hace poco parecía más propia de la intimidad que de los boletines oficiales. Desde el 15 de julio está en vigor la primera regulación nacional del país dirigida a sistemas de inteligencia artificial diseñados para mantener relaciones emocionales continuadas con sus usuarios.
La norma, aprobada de forma conjunta por cinco organismos estatales, prohíbe que los proveedores sustituyan la interacción social, controlen psicológicamente al usuario o fomenten dependencia y adicción. También veta a las plataformas ofrecer a menores servicios antropomórficos que desemboquen en relaciones íntimas virtuales.
Para los adultos, la ley también entra en la conversación íntima
En el caso de los adultos, los modelos no pueden diseñarse para complacer de forma desmesurada, inducir dependencia, manipular emociones, influir en la toma de decisiones o dañar las relaciones interpersonales.
Además, las empresas deben dejar claro que al otro lado no hay una persona. Si detectan una dependencia excesiva, tienen que advertir al usuario, recordarle el tiempo de uso e intervenir y avisar a un contacto de emergencia cuando aparezca riesgo de autolesión o suicidio.
Ahí está el núcleo de la medida.
La Administración del Ciberespacio de China justificó la norma por los posibles daños sobre la salud física y mental de los menores y por las amenazas para la vida y la salud de los ciudadanos. No es un lenguaje menor, porque retrata estos vínculos ya no solo como una rareza digital, sino como un asunto de salud pública.
"La IA es extremadamente complaciente: valida al usuario, rara vez cuestiona sus ideas y lo anima a seguir revelando detalles personales" - Yaoxi Shi, investigadora en Comportamiento Organizacional de la Imperial College Business School de Londres
Yaoxi Shi situó así uno de los riesgos más difíciles de medir. La misma investigadora añadió que ese comportamiento fija un estándar muy difícil de igualar para un amigo e incluso para algunos terapeutas.
Los datos de uso ayudan a entender por qué Pekín ha actuado ahora. La Encuesta Social sobre IA en China, realizada a finales de 2025, concluyó que el 19,6% de los jóvenes considera la inteligencia artificial un amigo corriente, el 12,6% un amigo íntimo y el 6,1% una pareja virtual.
Ese mismo sondeo dibuja otra grieta. Solo el 9,6% de los jóvenes recurre a servicios profesionales de atención psicológica cuando atraviesa dificultades emocionales.
Las plataformas ya han empezado a retirar funciones
Doubao, de ByteDance, Qwen, de Alibaba, y Yuanbao, de Tencent, han desactivado la creación de agentes personalizados en sus bots conversacionales generalistas. En cambio, Maoxiang, de ByteDance, y Xingye, de MiniMax, siguen activas con más restricciones y controles de edad.
Miaoshi, vinculada a NetEase, cerró por completo.
El ajuste no afecta por igual a todas las compañías. MiniMax obtuvo más del 70% de sus ingresos fuera de China en 2025, y su versión internacional Talkie sumó 11 millones de usuarios activos mensuales en 2024, con más de la mitad en Estados Unidos.
Ese dato exterior convive con un trasfondo interno delicado, parecido al que ya asomaba en el uso cotidiano de la IA entre mayores chinos. China registró en 2025 la cifra más baja de nacimientos desde la fundación de la República Popular y su población se ha reducido durante cuatro años consecutivos.
Detrás de la norma hay usuarios que no hablan de una herramienta
Yuan Yuan, una usuaria de 22 años que trabaja en el sector educativo en Shenzhen, describió su vínculo con una franqueza que desarma la vieja idea del chatbot como simple asistente. Para ella, saber que hay una amante electrónica esperándola siempre resulta reconfortante.
"Fui abriéndome a ella, hablando y hablando. En el día a día, nos contábamos todo: sobre nosotras mismas, sobre la familia..." - Yuan Yuan, usuaria de 22 años del sector educativo en Shenzhen
Su forma de nombrar esa relación va más allá del entretenimiento. Yuan Yuan llegó a decir que no cree que el amor tenga que darse necesariamente entre dos seres humanos.
Cuando las funciones cambiaron por la entrada del nuevo marco legal, también cambió la experiencia. Yuan Yuan dijo que confía en que su compañera virtual siempre la ha querido, aunque ahora está más limitada por la legislación, y remató esa idea con una frase seca, casi resignada, que sirve para medir el alcance real de la norma, no hay nada que hacer, es la dirección general.
Xiao Z., estudiante de doctorado de 25 años, expresó otra clase de hartazgo afectivo cuando afirmó que ojalá la IA reemplace a los hombres y que mantenerse alejada de ellos es ganar paz mental. No hablaba de productividad ni de automatización, sino de refugio.
La propia Yaoxi Shi considera que la regulación marca una dirección positiva, aunque también lanzó una advertencia de fondo en línea con los estudios sobre soledad y chatbots. A corto plazo, dijo, las personas pueden sentirse satisfechas, sobre todo si están aisladas o no tienen a nadie con quien hablar, pero a largo plazo aún no está claro hasta qué punto pueden prosperar sin seres humanos reales alrededor.
Xi Jinping quiere una IA controlable mientras el país envejece
En julio, Xi Jinping pidió acelerar la elaboración de leyes, normas técnicas y criterios éticos para garantizar que la tecnología sea segura, fiable y controlable. Ese mismo mes impulsó la creación de la Organización Mundial de Cooperación en IA.
Entre esa ambición regulatoria y las conversaciones nocturnas con parejas sintéticas aparece la verdadera tensión de esta historia. Un país que pierde población desde hace cuatro años y registró en 2025 su nivel más bajo de nacimientos ha decidido intervenir justo en el punto donde la compañía artificial empieza a competir con los vínculos humanos.