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La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los puntos más delicados del pulso entre Washington y Pekín.
Mientras Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, pide moderar el ritmo de mejora de las capacidades de la IA, en China ese mensaje no se escucha como una llamada técnica a la prudencia. Medios estatales chinos lo presentaron el lunes como una guerra fría silenciosa destinada a frenar el desarrollo tecnológico del país.
China vincula la seguridad con una carrera que ya no distingue fronteras claras
Sun Chenghao, investigador del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua en Pekín, resumió esa mezcla con una frase nítida.
"La frontera entre la seguridad de la inteligencia artificial y la competencia en materia de inteligencia artificial se está difuminando cada vez más" - Sun Chenghao, investigador del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua en Pekín
No es una observación abstracta. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, afirmó que una ventaja china en inteligencia artificial supondría una amenaza para Estados Unidos y el mundo.
Desde Pekín, Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, defendió un desarrollo abierto, inclusivo, universalmente beneficioso y ético. En la misma rueda de prensa del lunes añadió que el alarmismo, la confrontación y la competencia desleal solo perturbarán la gobernanza global de la IA y no beneficiarán a nadie.
Anthropic pide frenar mientras China ve un intento de contención
El fin de semana Amodei instó a las empresas a bajar la velocidad de mejora de estos sistemas. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, respaldó su propuesta de dar a evaluadores independientes un acceso similar al de los empleados, y Elon Musk también mostró su acuerdo con esa moderación.
Ahí aparece una de las contradicciones centrales de esta historia. El directivo que pide cautela también ha defendido restringir el acceso de China a los microchips avanzados y actuar contra la destilación, una práctica que permite entrenar sistemas competidores a partir de los resultados de modelos estadounidenses.
Esa discusión conecta con acusaciones sobre destilación de modelos, un terreno donde la disputa comercial y la seguridad técnica casi ya hablan el mismo idioma.
El temor chino no mira solo a los chips, también mira al caos interno
Chen Yixin, ministro de Seguridad del Estado de China, escribió el domingo que el uso indebido de la IA por parte de adversarios podría amenazar la seguridad política e ideológica del país y sus infraestructuras críticas. Su advertencia no se limitó a laboratorios o centros de datos, porque incluyó textos, imágenes, vídeos manipulados y cuentas automatizadas capaces de fabricar rumores políticos, difundir información perjudicial e incitar divisiones sociales.
Chen citó además los modelos Mythos de Anthropic y GPT-5.5-Cyber de OpenAI como ejemplos de sistemas capaces de descubrir fallos y crear programas maliciosos. La amenaza, por tanto, no aparece solo como una cuestión industrial, también entra en la conversación sobre estabilidad interna y ciberseguridad.
Al mismo tiempo, el gobierno chino presenta la inteligencia artificial como motor del crecimiento económico. Pekín ha elogiado a Liang Wenfeng, fundador de DeepSeek, y a compañías como Huawei Technologies y Moonshot AI, una señal de que la misma tecnología que preocupa por sus riesgos también ocupa un lugar central en la estrategia de desarrollo.
Esa doble cara ya había asomado en el avance de Moonshot en modelos abiertos, donde competir con firmas estadounidenses y reducir dependencia tecnológica formaban parte de la misma jugada.
La cumbre del 24 de septiembre llegará con la tensión ya sobre la mesa
Está prevista una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping el 24 de septiembre, y antes de ese encuentro habrá debates sobre inteligencia artificial. Jiang Tianjiao, investigador del Centro para la Gobernanza Innovadora Global de la Inteligencia Artificial y profesor asociado de la Universidad de Fudan, formuló la pregunta que resume la posición china, al plantear si Estados Unidos, si de verdad busca cooperación en esta materia, también está dispuesto a tener en cuenta preocupaciones que Pekín arrastra desde hace tiempo.
La paradoja es difícil de pasar por alto porque los mismos sistemas que China quiere como motor económico aparecen también descritos como herramienta para fabricar rumores, abrir fallos de seguridad y agitar divisiones sociales. Entre la cooperación que se invoca en público y la contención que cada parte intenta imponer al rival, la discusión sobre la IA llega al 24 de septiembre con un problema de fondo que nadie oculta ya.