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No hace falta entrar en un laboratorio para asomarse a la carrera tecnológica china. Ahora también se vende como experiencia de viaje.
Empresas como GloPen comercializan recorridos de ocho días por Shanghái, Hangzhou y Chengdu para visitar compañías de inteligencia artificial y conducción autónoma, con BYD entre los organizadores. La propuesta no apunta al turista clásico, sino a quien quiere mirar de cerca fábricas, demostradores y despachos donde se cuece parte de la industria china.
China convirtió la potencia industrial en un itinerario
También Tech Buzz China organiza inmersiones intensivas para inversores, ejecutivos y fundadores con acceso directo a laboratorios de IA, fábricas de vehículos eléctricos y startups de robótica.
China Study Tour se mueve en la misma dirección con programas de siete días para grupos corporativos y académicos que mezclan IA, vehículos eléctricos, robótica, sanidad y sostenibilidad. En esos recorridos aparecen nombres como BYD, Huawei o DJI, una combinación que convierte la visita en algo más parecido a una agenda profesional que a unas vacaciones.
La barrera de entrada no es menor.
La horquilla de precios parte de 3.000 dólares y ese importe ni siquiera incluye el viaje. Aun así, existe un escalón mucho más asequible en plataformas como Viator, donde el recorrido bilingüe Shenzhen Tech Tour Explore the Future arranca en 80 euros con demostración de reparto de comida por dron, trayecto en robotaxi y visitas a tiendas que venden gafas de IA.
Shenzhen ya funciona como escaparate de consumo
Ahí asoma una diferencia interesante entre el tour corporativo y la excursión de un día. Uno vende acceso a centros de decisión y a cadenas de producción, mientras el otro empaqueta escenas que ya circulan como espectáculo tecnológico en redes, desde un taxi sin conductor hasta un dron que entrega comida delante del visitante.
Esa imagen pública no sale de la nada, porque China lleva años empujando sectores como la robótica, los vehículos eléctricos y las tecnologías de la información y la comunicación dentro del plan Made in China 2025. Cuando un país convierte esas prioridades industriales en paradas de un itinerario, el mensaje resulta bastante directo.
De hecho, hasta la política acompaña esa puesta en escena. El presidente de España visitó la sede de Xiaomi en China, mientras el canciller alemán Merz vio robots haciendo kung fu, dos escenas que condensan bien cómo la tecnología china ya forma parte del protocolo institucional y de la diplomacia económica.
Mientras tanto, Shenzhen se ha vuelto un decorado reconocible incluso para quien no sigue la información tecnológica al detalle, como ya mostraban los viajes en robotaxi por Shenzhen. El youtuber iShowSpeed montó allí en un coche volador, una escena que convierte la visita en relato viral y ayuda a entender por qué estas rutas mezclan negocio, curiosidad y exhibición pública.
La exención de visado rebajó otra frontera
En 2025 China abrió sus puertas a casi 50 países que pueden entrar sin necesidad de visado, entre ellos Francia, Alemania, España o Rusia. Ese cambio reduce una fricción básica y encaja con la aparición de paquetes pensados para atraer a ejecutivos, inversores, académicos y visitantes con ganas de ver en directo lo que antes solo aparecía en ferias o vídeos.
No es solo un viaje de empresa ni solo una excursión para curiosos. Entre los 80 euros del tour bilingüe en Shenzhen y los más de 3.000 dólares de los programas corporativos sin vuelos, la tecnología china ya tiene tarifa de entrada y guía propia.