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La fiebre de la inteligencia artificial ya no solo mueve chips y centros de datos. También está llenando de coberturas financieras un mercado que empieza a mirar el riesgo con la misma atención que hasta hace poco reservaba al crecimiento.
El viernes, el Nasdaq Composite cayó un 2,9% y firmó su peor rendimiento mensual desde marzo de 2025.
Ahí aparece una señal menos vistosa, pero muy reveladora. Los inversores y ejecutivos tecnológicos buscan protección con opciones de venta y swaps de incumplimiento crediticio ante la caída de las acciones tecnológicas y el riesgo financiero asociado al gasto en infraestructura de inteligencia artificial.
CoreWeave concentra una ansiedad que ya cotiza
En octubre, los volúmenes de negociación de opciones de venta vinculadas a CoreWeave alcanzaron niveles récord. No es un movimiento menor cuando la empresa se ha convertido en uno de los símbolos del negocio de la infraestructura para IA, un terreno que ya había asomado en el despliegue de centros de datos en España.
Los contratos con vencimiento en 2028 que más interés despiertan ganarían valor si la acción de CoreWeave cae hasta 35 dólares, frente a los aproximadamente 55 dólares registrados recientemente.
Esa distancia de 20 dólares funciona como una especie de termómetro del miedo. Cuando el dinero paga por cubrir una caída así, lo que está en juego no es solo una cotización, sino la posibilidad de que el negocio tarde más de lo esperado en convertir gasto masivo en ingresos estables.
Las grandes tecnológicas pagan más por asegurar su deuda
Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle registraron el coste más alto desde 2021 para cubrirse contra un eventual impago.
Oracle destacó dentro de ese grupo porque sus diferenciales de swaps de incumplimiento crediticio se ampliaron en más de un punto porcentual. En lenguaje llano, asegurar su deuda salió más caro, una forma bastante directa de medir cómo sube la percepción de riesgo.
Mientras las acciones tiemblan, el crédito también habla.
El alquiler de chips sube y ya nace un mercado para cubrir su caída
Jump Trading ha lanzado una mesa de negociación de capacidad de computación que ofrece derivados pensados para proteger a los operadores de centros de datos frente a una caída de los precios de alquiler de chips.
La idea resulta llamativa porque llega cuando esas tarifas siguen subiendo. Los chips Nvidia B300 cuestan ya unos 7,56 dólares por hora de alquiler tras encarecerse aproximadamente un 56% este año, dentro de una carrera por la capacidad que recuerda a el mercado opaco de servidores B300.
Susquehanna International Group también recibe interés de centros de datos y proveedores de infraestructura de inteligencia artificial para crear contratos que sigan índices de capacidad de computación y limiten la exposición a la caída de los ingresos por alquiler. Primero faltaban chips. Ahora empieza a cotizar el miedo a que un día sobren o rindan menos dinero por hora.
El mercado no discute solo cuánto vale la inteligencia artificial, sino cuánto cuesta protegerse de ella.