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Estados Unidos ya no habla de automatizar tareas aisladas en el campo de batalla. Ahora levanta mandos completos para organizar una guerra donde drones, robots y sistemas de decisión automática pasan de apoyo técnico a estructura de combate.
Washington creó un mando nuevo para dirigir la guerra autónoma
El 30 de septiembre, en la base de Quantico, el secretario de Guerra Pete Hegseth presentó el Mando de Guerra Autónoma, AUTOWARCOM.
AUTOWARCOM nacerá como mando de combate al frente de un general de cuatro estrellas. Será el duodécimo de Estados Unidos y el primero que se crea desde el Mando Espacial en 2019.
La fecha objetivo de operatividad apunta al 1 de octubre de 2027. No es un detalle menor, porque crear una estructura de este rango significa que la autonomía deja de ser un programa experimental y gana asiento propio en la cadena de mando.
Antes de ese salto, Project Agincourt prepara el terreno bajo la dirección de Owen West, director de la Unidad de Innovación de Defensa, y del suboficial SEAL Max Strasiser. Ahí aparece una idea de fondo que ayuda a leer el movimiento actual, primero se ensaya la arquitectura y después se institucionaliza.
El Ejército extendió la autonomía desde los drones hasta la logística
En paralelo, el secretario interino del Ejército Adam R. Telle firmó el memorando que crea el Mando de Futuro y Sistemas Autónomos, FASCOM.
FASCOM integrará autonomía en aviación, carros de combate, artillería, logística, ingenieros y adiestramiento. Dicho de otra forma, la automatización no quedará encerrada en un hangar de drones, sino que se repartirá por casi toda la maquinaria del Ejército.
Para el año fiscal 2028, FASCOM priorizará artillería y cohetes autónomos junto a vehículos de combate y reconocimiento. También incluye reabastecimiento con embarcaciones, equipos para abrir paso en campos de minas, designación de objetivos y equipos mixtos de soldados y máquinas.
Además, el Ejército extenderá a todas sus unidades las plazas de operador de drones 15X y de técnico en robótica 390A. Ese cambio burocrático parece frío sobre el papel, pero suele ser la señal de que una tecnología deja de vivir en unidades especiales y entra en la rutina diaria.
Adam R. Telle resumió el propósito con una frase difícil de pasar por alto.
"Nunca entre en un combate justo" - Adam R. Telle, secretario interino del Ejército
La lógica de esa declaración encaja con el despliegue institucional de los últimos meses. En abril, el Mando Sur ya había creado su propio mando de guerra autónoma para operar contra cárteles y en catástrofes.
Europa calcula la factura mientras endurece las reglas de compra
Mientras Washington reorganiza su jerarquía militar, Europa hace cuentas.
El informe Sparta 2.0 del Instituto Kiel calcula que cerrar el retraso europeo en drones y sistemas autónomos costaría más de 30.000 millones de euros en un plazo de tres a cinco años. A eso habría que sumar entre 10.000 y 20.000 millones de euros adicionales para un sistema europeo propio de mando y control, un problema que conecta con el trasvase de IA civil hacia aplicaciones militares.
SAFE pone sobre la mesa hasta 150.000 millones de euros en préstamos, pero exige compras conjuntas de al menos dos países. Además, fija un máximo del 35% de componentes externos a la Unión Europea, el Espacio Económico Europeo y Ucrania.
En abril, el Consejo aprobó los planes de 18 Estados, incluida España, dentro de SAFE. La discusión, por tanto, ya no gira solo en torno a cuánto cuesta llegar, sino también a quién fabrica las piezas y bajo qué dependencia tecnológica.
Alemania ya abrió un centro mientras la autonomía sale del laboratorio
Alemania inauguró en diciembre de 2025 un centro conjunto contra drones que depende de la Policía Federal.
Ese dato sitúa el debate fuera de los despachos militares puros. La autonomía armada y los sistemas no tripulados obligan a redibujar fronteras entre defensa, seguridad interior y gestión de emergencias, como ya muestran los drones autónomos en Ucrania.
Al final, la comparación resulta incómoda y muy concreta. Estados Unidos ya ha puesto fecha a un mando de cuatro estrellas para 2027, mientras Europa calcula una factura de más de 30.000 millones de euros solo para recortar su retraso en drones y sistemas autónomos.