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La política española ya no solo discute con palabras. También ensaya confesiones fabricadas.
El Partido Popular publicó el 21 de octubre de 2026 un vídeo generado con Inteligencia Artificial en el que varias figuras vinculadas al PSOE admiten delitos o conductas irregulares y rematan cada frase con la misma coletilla, “sí, soy zurdo”.
El vídeo convierte la sátira en una cadena de confesiones falsas
La pieza coloca en boca de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, una frase que mezcla nepotismo y burla. “Si tener una cátedra gracias a que mi marido es el presidente es de zurdos, pues sí, soy zurda”, dice en esa recreación sintética.
Después aparece José Luis Ábalos, exsecretario general del PSOE y exministro, con otra supuesta admisión todavía más cruda.
"Si irse de p y cobrar comisiones ilegales es de zurdos, pues sí, soy zurdo" - José Luis Ábalos, exsecretario general del PSOE y exministro
La escena no se detiene ahí y suma a José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, con una alusión a joyas escondidas en una caja fuerte. En el mismo montaje también figuran Leire Díez, conocida como la fontanera del PSOE, Santos Cerdán, exsecretario de Organización del PSOE, y Montse Mínguez, que dimitió la semana anterior como portavoz socialista y de todos sus cargos en el partido porque su marido tiene un holding inmobiliario con una treintena de pisos de alquiler.
La IA ya entró en la propaganda y no lo hizo de puntillas
No es la primera vez que el PP recurre a la Inteligencia Artificial para golpear a los socialistas con vídeos de este tipo.
Ese detalle importa porque desplaza la discusión desde el contenido del ataque hacia la herramienta elegida para construirlo. La tecnología no aporta aquí un dato nuevo ni una prueba adicional, sino una voz prestada que simula confesiones y las envuelve con la apariencia de una declaración real, un terreno que ya ha asomado en el uso político de la IA dentro de la comunicación partidista.
Ahí está la paradoja. La misma tecnología que sirve para resumir documentos o generar apoyos visuales también puede convertir el descrédito en un producto audiovisual mucho más eficaz que un cartel o un tuit, como ya ocurrió en otros episodios de imágenes falsas en política.
El resultado final no es una denuncia documentada, sino una sucesión de frases fabricadas para sonar como si cada protagonista hubiera decidido incriminarse ante la cámara. Y todo queda resumido en una coletilla mínima, repetida una y otra vez, que busca convertir una etiqueta ideológica en remate de confesión.