Europa, entre derechos y plataformas: en 2025 las democracias liberales solo son el 7% de la población mundial

El texto repasa casi tres décadas de choque entre desregulación, mercado y control ciudadano, desde Clinton y Google hasta ChatGPT y Meta. La tensión sigue abierta: quién pone las reglas de la vida digital.

13 de julio de 2026 a las 09:08h
Europa, entre derechos y plataformas: en 2025 las democracias liberales solo son el 7% de la población mundial
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Europa lleva casi tres décadas intentando responder a una misma pregunta. Quién manda en la vida digital, el mercado, el Estado o el ciudadano.

La respuesta no ha sido estable. En 1997, Bill Clinton presentó el Libro Blanco Clinton-Gore sobre el comercio electrónico y describió ese territorio como el “Salvaje Oeste de la economía global”.

"Queremos que el sector privado se autorregule. Queremos animar a todos los países a que no intervengan con impuestos discriminatorios, aranceles, regulaciones innecesarias y burocracias engorrosas". - Bill Clinton, presidente de EE UU

Aquel clima no quedó en un discurso aislado. Un año después, Eric Schmidt, entonces director ejecutivo de Novell y futuro director ejecutivo de Google, declaró a la BBC que estaba en contra de los gobiernos, las regulaciones y el Congreso, y reclamó que el Gobierno se mantuviera al margen de los asuntos de las empresas de internet.

No era solo una defensa de la desregulación. Schmidt llegó a describir la Red como un experimento de anarquía a escala de 100 o 200 millones de personas conectadas, una idea que condensaba la confianza de aquella época en que la expansión digital podía avanzar mejor sin demasiados frenos.

Europa quiso poner al ciudadano por delante

El 10 de noviembre de 2019, Ursula von der Leyen recibió el Premio Axel Springer en Berlín y fijó una posición muy distinta. Para la entonces presidenta electa de la Comisión Europea, lo decisivo no era la tecnología en sí, sino el lugar que ocupa la persona dentro de ella.

"Creemos que lo más importante es el ser humano. Europa pone los valores, los derechos, la confianza y el Estado de derecho por delante de todo lo demás, y eso debe valer también para la estrategia europea en la era digital. Para nosotros, las nuevas tecnologías nunca significarán nuevos valores… Las personas somos, ante todo, ciudadanos, dotados de derechos y con el control de nuestra propia vida… Tanto en el mundo analógico como en el digital…". - Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea

Aquella intervención dibujaba también un mapa político. Von der Leyen contrapuso un modelo estadounidense donde el mercado pesa más, una Asia donde el Gobierno tiende a dominar sobre el individuo y una Rusia que exige a los proveedores de internet equipos capaces de identificar el origen del tráfico y filtrar contenidos.

Después remató la idea con una defensa del equilibrio europeo entre poder público, mercado e individuo, una fórmula que hoy recuerda a debates sobre datos críticos en Europa. El contraste resulta llamativo porque esa apelación a derechos y control personal llegó antes de que la inteligencia artificial generativa entrara en la conversación cotidiana.

La promesa de libertad acabó chocando con la opacidad

En 2002, Larry Page y Sergey Brin diseñaron en Google un modelo de negocio basado en extraer datos de comportamiento de los usuarios. Larry Page resumió la lógica de aquella transparencia ausente con una frase seca y difícil de olvidar.

"No pueden enterarse jamás". - Larry Page, cofundador de Google

Ahí aparece una de las grietas centrales de la historia digital reciente. La misma cultura que pidió menos regulación para innovar levantó buena parte de su negocio sobre prácticas que funcionaban mejor cuanto menos visibles resultaban para quienes usaban los servicios.

En mayo de 2022, Robert Califf, comisario de la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, anunció que la desinformación se había convertido en la principal causa de muerte en EE UU.

Ese dato cae como una losa.

También en 2022, Sam Altman llevó ChatGPT al mercado de consumo a través de OpenAI y aceleró una nueva fase de esta tensión. La inteligencia artificial dejó de ser un asunto de laboratorios y pasó a instalarse en tareas corrientes, desde escribir un correo hasta resumir documentos o producir imágenes.

El tablero político se inclinó mientras crecían las plataformas

Los números de V-Dem muestran que el contexto político global empeoró justo cuando esas herramientas ganaban presencia. En 2024 había 91 autocracias que reunían al 72 % de la población mundial, frente a 90 democracias, y solo 29 de ellas eran democracias liberales con 900 millones de personas, menos del 12 % del planeta.

Un año después, V-Dem registró 92 autocracias con 6.000 millones de personas, el 74 % de la población mundial, y 87 democracias. Las democracias liberales quedaron reducidas al 7 % de la población mundial tras dejar EE UU de ser una.

Visto así, la discusión sobre reglas digitales ya no suena técnica ni remota. Suena a poder.

Mark Zuckerberg lo formuló sin rodeos el 7 de enero de 2025, cuando publicó un vídeo como director ejecutivo de Meta. Allí afirmó que colaboraría con el presidente Trump para resistir a gobiernos de todo el mundo que persiguen a las empresas estadounidenses y presionan para que haya más censura, una posición que enlaza con viejos conflictos sobre asistentes de IA en Europa.

Entre Clinton y Zuckerberg hay casi 28 años de distancia, pero la línea de fondo apenas se ha movido. La pelea sigue siendo quién fija las reglas de la vida digital cuando la tecnología ya no ordena solo mercados, sino también información, derechos y márgenes de autonomía personal.

Y el dato más incómodo de todos quizá sea este. Mientras Europa defendía en 2019 que las personas son ciudadanos con derechos también en el entorno digital, en 2025 las democracias liberales ya solo representaban al 7 % de la población mundial.

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