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Una antigua planta química de Flix aspira a convertirse en una de esas infraestructuras que casi nadie ve y que, sin embargo, sostienen buena parte de la economía digital.
Submer Group invertirá 1.000 millones de euros para reconvertir los terrenos de Ercros en un centro de procesamiento de datos especializado en inteligencia artificial. El proyecto lo desarrollará y operará Rubix Data Centers, filial de la propia compañía.
Flix cambia de piel y pasa de la química al cálculo
El giro tiene algo de símbolo industrial. La planta química de Ercros cerró en 2023 y Bondalti, grupo portugués, la compró en marzo de este año.
Ahora ese mismo espacio se prepara para albergar 13.000 metros cuadrados de instalaciones y una potencia eléctrica instalada de entre 85 y 90 MW. El arranque de la actividad está previsto para finales de 2027, una fecha que da medida de la escala técnica del proyecto.
No es una obra menor.
La previsión pasa por crear 150 empleos de alta cualificación, un dato que ayuda a entender por qué la operación se presenta también como una apuesta territorial. En lugares marcados por cierres industriales, el tipo de empleo importa casi tanto como la cifra.
Salvador Illa, presidente de la Generalitat, sitúa ahí una parte central del relato político.
"Ahora se ha puesto de moda inventarse un algoritmo, venderlo y comprarse un yate. Esta gente se queda, apuesta por crear prosperidad" - Salvador Illa, presidente de la Generalitat
Su intervención no giró solo sobre la inversión privada. También defendió que la Ribera d’Ebre puede ganar peso en el mapa tecnológico europeo porque reúne una condición cada vez más escasa, la existencia de suelo e infraestructura adecuada para este tipo de instalaciones.
La energía decide dónde puede levantarse un centro de datos
Illa lo resumió con una idea muy concreta al advertir que hay poca disponibilidad de emplazamientos con la infraestructura necesaria. En un sector que consume mucha electricidad, encontrar terreno no basta y conectar potencia tampoco resulta automático.
Esa tensión aparece también en el debate energético. El presidente catalán sostuvo que el coste de la energía en España equivale al de Italia o a la mitad del de Alemania y atribuyó esa ventaja a las renovables.
De fondo hay una pregunta muy material. ¿Dónde cabe hoy una instalación de 85 a 90 MW sin chocar con los límites de la red, los tiempos administrativos y la competencia por el suelo?
Pol Valls, cofundador de Submer, describió el encaje del lugar antes de entrar en detalles sobre el proyecto.
"Es un lugar con una verdadera fuerza industrial, el suelo, la energía y la tradición de ingeniería que necesita un proyecto como este" - Pol Valls, cofundador de Submer
La elección de Flix no se explica solo por una parcela disponible. También pesa una memoria industrial que conecta con la expansión de centros de datos en España, donde la discusión ya no gira únicamente en torno al software, sino a la electricidad, la refrigeración y la capacidad física para sostener la IA.
La gigafactoría no compite y refuerza el papel de la comarca
La operación llega, además, en paralelo a otra expectativa de gran escala. La posible adjudicación de una gigafactoría europea en la zona implicaría una inversión de 5.000 millones de euros.
Illa rechazó la idea de que ambos movimientos compitan entre sí. Su planteamiento fue el contrario, que son proyectos distintos y complementarios capaces de reforzar la posición estratégica de la Ribera d’Ebre en nuevas tecnologías.
Incluso ligó esa convivencia a la existencia del Barcelona Supercomputing Center y al marco que ya rodea a la gigafactoría de Móra la Nova. Visto así, la comarca aparece menos como un enclave aislado que como una pieza de un corredor donde el viejo músculo industrial intenta reciclarse en capacidad de cómputo.
Entre una planta química cerrada en 2023 y un centro de datos que no arrancará hasta finales de 2027 hay cuatro años de distancia, pero también una misma obsesión de fondo, quién dispone de suelo, energía e ingeniería para alojar la inteligencia artificial cuando deja de ser una idea y empieza a ocupar 13.000 metros cuadrados.