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Geoffrey Hinton recibió el Nobel de Física en 2024 y aprovechó ese foco para lanzar una advertencia incómoda.
A sus 78 años, Hinton no dibuja un peligro remoto ni abstracto. Sitúa los riesgos inmediatos de la inteligencia artificial en terrenos muy reconocibles para cualquiera que trabaje, vote o navegue por internet, desde la pérdida de empleos hasta la desigualdad, la desinformación y los ciberataques.
Hinton llevó el debate desde el laboratorio hasta la vida diaria
Durante una entrevista al recibir el galardón, el científico dejó una frase que resume bien su preocupación.
"Una sola persona puede causar un caos interminable" - Geoffrey Hinton, Premio Nobel de Física
No habla solo del alcance de una máquina, sino del cambio de escala que introduce. Herramientas capaces de multiplicar la capacidad de una sola persona también pueden multiplicar su daño, y ahí la inteligencia artificial deja de ser un asunto técnico para entrar en la conversación social.
Ahí encaja también la desinformación científica.
Los modelos pueden abaratar tareas que antes exigían años
Uno de los puntos más delicados aparece cuando estos sistemas ayudan a diseñar agentes biológicos peligrosos. La barrera de entrada baja, porque tareas que antes requerían equipos científicos, infraestructuras costosas y años de experiencia pueden simplificarse con ayuda de modelos avanzados.
No es un matiz menor.
Si además esos modelos pueden adaptarse a objetivos distintos de aquellos para los que fueron creados, el problema deja de estar solo en su diseño inicial. Pasa también a la capacidad de reutilizarlos para actividades peligrosas cuando alcanzan suficiente competencia operativa.
El mismo sistema puede servir para fines muy distintos
Ese es uno de los nudos del debate actual sobre seguridad. Un modelo pensado para asistir, resumir o resolver tareas complejas puede acabar orientado hacia funciones que nadie presentó al principio, y esa plasticidad técnica resulta útil tanto para fines legítimos como para usos dañinos.
Mientras tanto, el coste social más cercano no necesita escenarios extremos para hacerse visible. Hinton identifica ya la pérdida de empleados y el aumento de la desigualdad como efectos inmediatos, una tensión que conecta con la brecha entre novatos y expertos y con una pregunta vieja que vuelve con otra forma, quién gana productividad y quién queda fuera.
Hinton fue todavía más lejos con otra advertencia que suena menos a discusión académica que a sobresalto doméstico. "Eso va a conducir a seres que no serán amables con nosotros" resume una inquietud donde conviven el riesgo técnico y una idea más perturbadora, que la herramienta termine escapando del papel de herramienta.
La paradoja está ahí, a la vista. La misma tecnología que concentra promesas de eficiencia también reduce barreras para la desinformación, amplifica ciberataques y acerca tareas peligrosas a actores que antes no podían asumirlas.