La fiebre de la inteligencia artificial ya no tropieza solo con chips y algoritmos. Tropieza con algo mucho más terroso y difícil de acelerar, la red eléctrica, la fabricación industrial y el tiempo que exige levantar nueva energía cuando los centros de datos piden potencia ahora mismo.
Ahí es donde Mike Schroepfer, ex director de tecnología de Meta, quiere jugar su partida. Su fondo Gigascale Capital ha captado 250 millones de dólares en su primera ronda con inversores institucionales para respaldar a fundadores que, en sus palabras, están reconstruyendo la economía física.
"Las empresas que respaldamos ganan porque son más baratas, más rápidas y más fiables. Así es como escala la adopción. El impacto climático es el resultado de sistemas que funcionan mejor". - Mike Schroepfer, ex director de tecnología de Meta
La tesis no mira solo al software. Mira a las piezas que sostienen la electrificación acelerada, la relocalización industrial, el despliegue de inteligencia artificial y una cadena de eventos climáticos extremos que presiona al mismo tiempo sobre infraestructuras físicas envejecidas.
Las turbinas no llegan cuando la IA las necesita
Hoy el cuello de botella tiene forma de turbina de gas. Las unidades convencionales arrastran una lista de espera que llega hasta principios de los años 2030 por la demanda eléctrica de los centros de datos de inteligencia artificial.
Schroepfer sostiene que el modelo de llevar la energía incorporada a la propia operación terminará siendo una ventaja competitiva decisiva en las industrias intensivas. La idea suena sencilla, pero encierra una mutación profunda del negocio, producir ya no basta si no puedes garantizar también los megavatios.
Esa presión ya había aparecido en la escasez energética de los centros de datos, donde el problema no era el capital disponible, sino la dificultad de conectar a tiempo una infraestructura eléctrica capaz de seguir el ritmo.
Gigascale reparte su apuesta entre red, átomos y fábricas
Gigascale nació en 2023 de la mano de Mike Schroepfer, Victoria Beasley y Evaline Tsai. Desde entonces ha reunido una cartera de más de 25 empresas en energía limpia, infraestructura de red, minerales críticos, manufactura avanzada e inteligencia artificial física.
No es una cartera construida alrededor de una sola promesa tecnológica. Xcimer Energy logró el primer destello de su sistema láser comercial a finales de 2025, Commonwealth Fusion Systems desarrolla tecnología de fusión nuclear y Radiant avanza hacia uno de los primeros despliegues comerciales de microreactores nucleares en Estados Unidos.
En paralelo, Arbor Energy ha firmado con GridMarket un acuerdo para suministrar hasta 5 gigavatios de energía limpia sin emisiones a centros de datos. La cifra da la medida del cambio, ya no se financian solo empresas que consumen electricidad, también empresas que la entregan como parte del producto.
Otra pieza del rompecabezas aparece en el atasco de los proyectos energéticos para IA, donde abundan los anuncios de potencia futura, pero muy poca capacidad llega realmente a obra.
La energía barata sigue siendo el argumento que cambia mercados
La historia reciente de la solar explica buena parte de esa lógica. En una década, su producción anual pasó de 40 gigavatios a 600 gracias a la caída de costes.
El patrón que busca el fondo aparece cuando una tecnología abarata, acelera y hace más fiable un sistema físico. A partir de ahí, la adopción escala y el efecto climático deja de presentarse como una capa moral añadida para convertirse en una consecuencia del rendimiento.
Ese razonamiento también alcanza al silicio. Fractile anunció una ampliación de financiación de 136 millones de dólares para fabricar procesadores de inteligencia artificial diseñados para reducir el consumo eléctrico, una variable que hoy pesa tanto como la velocidad de cálculo.
Del CO2 capturado a la electrónica de potencia
Drew Baglino, ex vicepresidente de Tesla para la división de propulsión y energía, impulsa Heron Power para desarrollar electrónica de potencia industrial. El movimiento encaja con una idea cada vez más visible, muchas de las oportunidades menos vistosas están en los componentes que convierten, regulan y distribuyen la energía.
Dioxycle se mueve en otro frente, aunque responde al mismo impulso material. La empresa ha firmado acuerdos plurianuales con L'Oréal para convertir emisiones de dióxido de carbono capturado en etileno destinado a fabricar envases.
La cartera mezcla reactores, chips, red eléctrica y química industrial porque el problema también llega mezclado. La inteligencia artificial exige centros de datos, pero esos centros dependen de turbinas, cables, potencia estable, materiales críticos y procesos industriales que no pueden improvisarse con una actualización de software.
Al final, la contradicción queda a la vista. Mientras las turbinas de gas acumulan esperas hasta principios de los años 2030, ya hay acuerdos por hasta 5 gigavatios de energía limpia para centros de datos y empresas que buscan recortar cada vatio en los procesadores, porque en esta carrera el recurso más escaso no es la ambición, sino la electricidad lista a tiempo.