Google DeepMind: dos investigadores dimiten y una dice que le avergüenza trabajar allí por el uso militar de su IA

Sofia Liguori y Andreas Kirsch dejaron Google DeepMind por el giro militar de su IA; ambos cuestionan la supervisión de la empresa y el contrato con el Pentágono.

24 de octubre de 2026 a las 10:40h
Google DeepMind: dos investigadores dimiten y una dice que le avergüenza trabajar allí por el uso militar de su IA
Google DeepMind: dos investigadores dimiten y una dice que le avergüenza trabajar allí por el uso militar de su IA

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La salida de dos investigadores de Google DeepMind en pocas semanas retrata una tensión que ya no cabe en los márgenes de la industria. Mientras Washington acelera la entrada de la inteligencia artificial en entornos militares clasificados, dentro de una de las compañías que más ha empujado esta tecnología hay voces que dicen haber perdido la fe.

Sofia Liguori, ingeniera de investigación en Londres, dejó su puesto tras tres años en la empresa. Explicó su decisión con una frase incómoda para Google cuando dijo que le avergüenza trabajar allí al ver que la compañía impulsa cada vez más el uso de sistemas de IA en operaciones militares.

No fue un gesto aislado.

Andreas Kirsch, investigador de inteligencia artificial, también dimitió a principios de mes. Kirsch sostuvo que la gobernanza y la supervisión de Google no bastan para desplegar IA de forma segura y responsable en entornos militares y clasificados, ni para desarrollar una superinteligencia artificial con garantías en el futuro.

Google abrió la puerta a usos militares muy amplios

El contrato con el Pentágono permite que los modelos de IA de Google se utilicen para cualquier fin gubernamental legítimo. A la vez, el texto añade que no deben emplearse para vigilancia masiva interna ni para armas autónomas, incluida la selección de objetivos, sin supervisión y control humanos adecuados.

Esa fórmula, amplia en una línea y restrictiva en la siguiente, ayuda a entender el malestar. Kirsch afirmó que Google parece no tener derecho a controlar ni a vetar cómo el Pentágono usa su IA y que además tiene una visibilidad limitada sobre la forma en que la está implantando.

"Google parece no tener derecho a controlar ni a vetar cómo el Pentágono utiliza su IA, y además parece tener una visibilidad limitada sobre cómo se está implantando". - Andreas Kirsch, investigador de inteligencia artificial

Google respondió a las críticas a través de un portavoz de la empresa. La compañía defendió que trabaja con organizaciones del sector público en todo el mundo y que aplica un proceso coherente para revisar y formalizar contratos, incluido el cumplimiento de sus políticas de uso aceptable y de sus principios de IA.

Además, el mismo portavoz aseguró que existen canales específicos para que los empleados planteen inquietudes de forma segura, desde ética empresarial hasta mala conducta. También afirmó que Google mantiene políticas laborales estrictas para evitar represalias de cualquier tipo.

El Pentágono quiere decidir más rápido de lo que un humano puede revisar

A principios de 2026, Google y otras tecnológicas firmaron contratos con el ejército de Estados Unidos para desplegar inteligencia artificial en entornos militares clasificados. En esa misma corriente aparecen OpenAI, Amazon, Microsoft, SpaceX, Oracle, Nvidia y Reflection.

Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, ha dicho que la administración Trump convertirá a las fuerzas armadas en una fuerza de combate basada en la IA. Emil Michael, subsecretario del Departamento de Defensa, resumió esa lógica con otra frase breve cuando afirmó que la velocidad define la victoria en la era de la IA.

La discusión no gira solo en torno a quién diseña los modelos, sino a qué ocurre cuando entran en la cadena de decisión. Sarah Shoker, exdirectora del equipo de Geopolítica de OpenAI, advirtió que la IA reduce el tiempo disponible para que un operador tome una decisión porque trabaja mucho más rápido que una persona, algo especialmente arriesgado en un entorno de alto estrés.

Shoker llevó esa idea a una escena muy concreta. Cuando hay cientos de objetivos seleccionados por IA y apenas queda tiempo, dijo, resulta casi imposible que un operador humano revise de forma significativa los resultados en busca de errores.

Ese cuello de botella ya tiene un nombre operativo en el aparato militar estadounidense, identificación automática de objetivos. El Pentágono utiliza Maven Smart Systems, desarrollado por Palantir, una plataforma que emplea inteligencia artificial para seleccionar e identificar blancos.

La prisa militar choca con las dudas de quienes conocen la tecnología

Jack Shanahan, teniente general retirado y antiguo director del Proyecto Maven, describió una cultura de despliegue basada en implantar la IA lo más rápido posible y de la forma más amplia posible. En su lectura, esa velocidad puede llegar a imponerse al rigor y a la disciplina de las pruebas y la evaluación.

"Implantar [la tecnología de IA] lo más rápido posible y de la forma más amplia posible, potencialmente a expensas del rigor y la disciplina de las pruebas y la evaluación". - Jack Shanahan, teniente general retirado y antiguo director del Proyecto Maven

La advertencia conecta con otro frente menos visible, el de las condiciones internas para disentir. Liguori afirmó que, en principio, no tiene permitido criticar a Google durante el resto de su vida, aunque defendió que hablar de hechos no es criticar y que era importante que estas cosas se supieran.

También describió un clima laboral marcado por el miedo a las represalias y por el riesgo de poner en juego la carrera profesional. En sus palabras, la sensación es que alguien vigila y que hablar deja de ser una opción normal dentro de la empresa.

El debate venía de antes, como mostró el trasvase de IA civil hacia usos de defensa. En 2024, Google y Amazon firmaron el Proyecto Nimbus, un contrato conjunto de 1.200 millones de dólares para proporcionar tecnología de IA e infraestructura de computación en la nube al gobierno y al ejército israelíes.

Incluso fuera de los contratos, el problema ya se ve en imágenes y consecuencias. El documental Naza analiza el papel de los sistemas de puntería basados en IA en el bombardeo de la Franja de Gaza.

Ahí reaparece la objeción técnica de Kirsch, que no es una consigna política sino una duda sobre fiabilidad. Los modelos de IA actuales no son lo bastante robustos para este tipo de tareas, dijo, y añadió que ni siquiera cree que hayan sido entrenados para ese entorno.

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