Hideo Kojima: “La IA quizá haga arte en 50 o 100 años, pero mientras viva no creo verlo”

El creador de Metal Gear Solid y Death Stranding marca distancia con el arte hecho por IA, aunque admite que podría llegar dentro de 50 o 100 años.

10 de junio de 2026 a las 17:45h
Hideo Kojima: “La IA quizá haga arte en 50 o 100 años, pero mientras viva no creo verlo”
Hideo Kojima: “La IA quizá haga arte en 50 o 100 años, pero mientras viva no creo verlo”

Hideo Kojima lleva décadas imaginando futuros extraños, pero cuando le toca hablar del arte creado por máquinas, baja el volumen de la fascinación. El creador de Metal Gear Solid y Death Stranding admite que la inteligencia artificial quizá llegue a hacer arte dentro de 50 o 100 años, aunque no cree verlo mientras viva y, además, dice que no le interesa.

La paradoja resulta difícil de pasar por alto. Kojima participó vestido de astronauta en un anuncio de Prada generado con inteligencia artificial, compartiendo metraje con el director Nicolas Winding Refn, y aun así mantiene una distancia clara frente a la idea de delegar la creación artística en una máquina.

Kojima dibuja un límite aunque ya habite imágenes hechas por IA

Ahí aparece una de esas contradicciones que definen esta época. Un creador asociado a algunos de los universos más cinematográficos del videojuego entra en una campaña construida con IA, pero cuando habla del arte no celebra una sustitución, sino que marca una frontera personal.

Hideo Kojima, desarrollador de videojuegos y fundador de Kojima Productions, aborda justamente esa frontera.

"El arte es vida. Pero dentro de 50 o 100 años, no lo sé. Quizá la IA pueda crear arte, pero mientras yo viva, no creo que lo vea. No me interesa". - Hideo Kojima, desarrollador de videojuegos y creador de Metal Gear Solid y Death Stranding

La frase no niega la tecnología ni discute su avance técnico. Lo que hace es colocar el arte en otro terreno, uno vinculado a la experiencia humana, a la biografía y a una mirada del mundo que para Kojima todavía no encaja en la lógica de una herramienta generativa.

Esa tensión entre uso práctico y reserva cultural ya apareció en otros debates sobre contenidos sintéticos, desde la música creada por algoritmos hasta los sistemas de identificación de imágenes alteradas, como ocurrió con canciones generadas por IA que lograron circular como si detrás hubiera una artista de carne y hueso.

Refn convierte la incertidumbre en combustible creativo

Nicolas Winding Refn, director de cine y compañero de Kojima en el metraje de Prada, no mira la incertidumbre con desconfianza, sino como una condición permanente del trabajo creativo. Su intervención encaja con una época en la que la IA altera procesos, estéticas y hasta expectativas sobre quién firma una obra.

Nicolas Winding Refn, director de cine, habla de esa incomodidad sin intentar suavizarla.

"Vivimos en una época terrorífica porque todo es muy incierto. Pero, por otra parte, la vida siempre ha sido incierta. La gasolina que mantiene en marcha tu creatividad es la incertidumbre, porque te obliga a innovar siempre. A recrearte a ti mismo. A recrear el futuro". - Nicolas Winding Refn, director de cine

Su idea desplaza la discusión desde la máquina hacia la reacción humana ante ella. Si la incertidumbre empuja a crear, entonces la inteligencia artificial no solo funciona como herramienta o amenaza, también actúa como espejo de una ansiedad cultural que ya empieza a notarse en el etiquetado de vídeos, audios e imágenes y en la discusión sobre marcas visibles para contenidos sintéticos.

Kojima deja la respuesta en manos de la gente joven

No todo en su discurso suena a rechazo. Kojima también sostiene que la sociedad encontrará una buena forma de utilizar la tecnología y que el modo de hacerlo dependerá realmente de la gente joven. Ahí desplaza la discusión desde la herramienta hacia el uso que hagan las personas, un matiz que cambia bastante el enfoque.

Más que preguntar si una IA puede crear, la cuestión pasa a ser quién decide para qué se usa, con qué límites y bajo qué idea de cultura. En esa diferencia cabe casi todo. Desde un anuncio de lujo con estética sintética hasta la negativa de un autor a conceder a la máquina el lugar que reserva para el arte.

Al final, la imagen que queda no es la del astronauta del anuncio, sino la de un creador que acepta convivir con la inteligencia artificial y al mismo tiempo le niega el centro de la experiencia artística. Entre ambas posiciones hay una grieta pequeña y muy actual, la misma en la que hoy se mueve buena parte de la cultura digital.

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