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Despedir por inteligencia artificial parecía una decisión de manual. Ahora empiezan los arrepentimientos.
El 55 % de los directivos consultados por Forrester admite que lamenta recortes de plantilla justificados por razones tecnológicas. La propia firma prevé además que la mitad de los despidos atribuidos a la inteligencia artificial acabará revirtiéndose.
Las empresas recortaron primero y después volvieron a llamar
La marcha atrás ya tiene nombres concretos. Ford, IBM, Alphabet, Booz Allen Hamilton y la ferroviaria CSX han pasado de eliminar puestos a contratar o reincorporar a trabajadores cuyas funciones habían desaparecido.
También Robert Half detecta el mismo giro en los departamentos de recursos humanos. Un tercio de los responsables de contratación que habían suprimido puestos por automatización ya los ha vuelto a cubrir, una señal de que el ahorro prometido no siempre encajaba con las necesidades reales del trabajo.
En paralelo, las recontrataciones tras automatizar han dejado de ser una anécdota. Cuando una empresa elimina una tarea porque cree que una máquina puede asumirla, a menudo descubre después que el puesto incluía criterio, aprendizaje y supervisión cotidiana.
IBM recuperó a los perfiles junior porque alguien tiene que aprender hoy
IBM llevó ese movimiento a un terreno especialmente delicado. Después de eliminar la mayor parte de sus puestos de entrada, la compañía anunció la reanudación de la contratación de perfiles junior en todas sus unidades de negocio.
La directora de Recursos Humanos de IBM formuló el problema con una pregunta difícil de esquivar.
"Si no se contrata a nadie que empiece hoy, ¿quién será el profesional con experiencia dentro de cinco años?" - directora de Recursos Humanos de IBM
No es solo una cuestión de plantilla. También habla de cómo se fabrica la experiencia en una empresa que recorta la base y luego descubre que la pirámide no se sostiene sola.
Los números de productividad todavía no acompañan
Aquí aparece la contradicción central.
Un estudio de la Reserva Federal de Atlanta indica que alrededor del 90 % de los directivos cree que la inteligencia artificial todavía no ha mejorado la productividad de su empresa. Si la eficiencia no llega, el argumento que justificó muchos despidos pierde parte de su fuerza.
Al mismo tiempo, Forrester calcula que la tecnología automatizará el 6 % de los empleos del mundo en 2030. Eso dibuja un escenario menos simple de lo que suele contarse, porque automatizar una parte del trabajo no equivale siempre a poder prescindir de la persona completa.
Ya había señales de esa tensión en los recortes ligados a la IA, donde la promesa de ahorro convivía con dudas sobre la utilidad real de esos ajustes.
Un análisis masivo siguió el rastro del ajuste
Mark Ma, profesor de la Universidad de Pittsburgh, dirigió un equipo que rastreó el fenómeno en varias capas a la vez. Los investigadores analizaron millones de evaluaciones de empleados en Glassdoor, miles de informes financieros y unas diez mil transcripciones de presentaciones de resultados.
Ese volumen de material importa porque permite mirar más allá del anuncio público del despido. Entre el mensaje para inversores, la percepción de los empleados y la evolución financiera de una empresa suelen aparecer grietas que una sola estadística no deja ver.
Clara R. Ilárraz, doctora en derecho digital 5G por el CEU, aparece en este debate de fondo como una voz vinculada al cruce entre tecnología y trabajo. No extraña que la discusión ya no gire solo en torno a qué puede automatizarse, sino a qué coste organizativo y humano se hace.
El dato que más pesa quizá sea el menos futurista de todos. Mientras la inteligencia artificial apunta al 6 % de los empleos del mundo en 2030, alrededor del 90 % de los directivos todavía dice que no ve mejoras de productividad en su propia empresa.