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La puerta de entrada al mercado laboral empieza a estrecharse justo donde muchos jóvenes esperaban encontrar su primer sitio.
Un estudio del Stanford Digital Economy Lab detecta que el empleo de trabajadores de 22 a 25 años cae más en las ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial que en las menos expuestas. La brecha relativa alcanza el 19 %, cuatro puntos más que en julio de 2025, con datos administrativos de nómina de ADP analizados hasta mediados de 2026.
Entre noviembre de 2022 y junio de 2026 la brecha se abrió
Entre noviembre de 2022 y junio de 2026, el empleo juvenil en los dos quintiles más expuestos a la inteligencia artificial bajó un 11 %. En los tres quintiles menos expuestos, en cambio, creció un 10 %.
La diferencia no aparece en una encuesta puntual ni en una impresión recogida al vuelo. El nuevo Canaries Dashboard sigue a 4,6 millones de trabajadores en más de 730 ocupaciones, una escala que permite mirar el mercado laboral casi como quien observa un mapa con luces que se apagan y se encienden a distinta velocidad.
Ahí asoma un detalle incómodo para el relato más tranquilizador sobre la automatización.
En la franja de 22 a 25 años, las ocupaciones altamente expuestas registraron una contracción interanual del 3,8 %, mientras las menos expuestas crecieron un 2 %. Entre todas las edades, la distancia es mucho menor, con una caída del 0,2 % en las ocupaciones más expuestas frente al crecimiento del 0,1 % en las menos expuestas.
Los puestos de entrada son los que más notan el golpe
Los descensos vinculados a la automatización de tareas se concentran en desarrolladores de software, programadores, atención al cliente y recepcionistas. No cuesta ver el patrón, porque son trabajos donde una parte importante de la rutina puede traducirse en instrucciones, respuestas repetidas o procesos estandarizados.
Erik Brynjolfsson, autor del estudio, sitúa ahí el centro del problema.
"Los efectos sobre los puestos de entrada que estamos midiendo son reales, persistentes y se están ampliando" - Erik Brynjolfsson, autor del estudio
La advertencia gana peso cuando se compara con lo que ocurre unos años después en la carrera laboral. Entre los trabajadores de 31 a 34 años, las ocupaciones más expuestas retrocedieron un 1,7 % interanual, mientras que entre los 35 y 40 años crecieron un 2 %.
Esa diferencia sugiere que la presión no cae por igual sobre toda la plantilla. Golpea con más fuerza en la zona donde se aprende el oficio, se encadenan primeras experiencias y todavía no abundan el criterio propio ni el conocimiento acumulado que una empresa tarda más en reemplazar, algo que también aparece en los empleos de nivel inicial.
Ni la tecnología ni los tipos explican por sí solos la caída
Brynjolfsson sostiene que el efecto resiste incluso cuando el análisis excluye la industria tecnológica, retira ocupaciones relacionadas con tecnología, aísla el trabajo remoto o controla la exposición a las subidas de tipos de interés. Dicho de otra manera, el patrón sigue ahí aunque se desmonten varias explicaciones alternativas que parecían plausibles.
El desempleo entre los recién graduados en Estados Unidos alcanzó el 5,6 % a principios de 2026. Son 1,6 puntos más que tres años antes.
Ese cruce entre paro de recién graduados y caída del empleo en ocupaciones expuestas obliga a mirar el fenómeno sin atajos. No prueba por sí solo una relación causal definitiva, pero sí dibuja un paisaje laboral que ya había dejado señales parecidas en los perfiles junior.
Los propios autores piden prudencia con la interpretación final. Sus datos describen patrones consistentes, pero no cierran todavía una estimación causal definitiva del efecto de la inteligencia artificial.
Con esa cautela sobre la mesa, la cifra que más pesa sigue siendo la primera. Entre los trabajadores de 22 a 25 años, la caída relativa del empleo en ocupaciones expuestas a la inteligencia artificial ya llega al 19 %.