La inteligencia artificial avanza a una velocidad que el derecho apenas consigue seguir, pero hay una idea que ya actúa como frontera. Si una empresa quiere usar obras protegidas para entrenar un modelo, necesita permiso o una excepción legal que lo permita. Ahí empieza casi todo el conflicto.
Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora del despacho Bird & Bird, sitúa el debate en un terreno menos abstracto de lo que parece. No habla de máquinas que aprenden por sí solas, sino de actos de reproducción reservados a los titulares de derechos. Esa diferencia jurídica importa porque cambia por completo la pregunta central.
"Los derechos, desde el punto de vista de la propiedad intelectual, son de naturaleza preventiva. Eso significa que, si quieres usar un recurso para entrenar tu IA, o bien tienes el permiso de los titulares de los derechos, o puedes confiar en una excepción que te permita no solicitar dicho permiso." - Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora de Bird & Bird
El debate ya no se mueve solo en seminarios y tribunales. Anthropic ha alcanzado un acuerdo extrajudicial de 1.500 millones de dólares con un grupo de autores por el uso de sus obras en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, una cifra que da la medida económica del problema.
En EE UU la fuente pirateada ya condiciona el pleito
Rosati observa que en EE UU hay docenas de casos pendientes, pero el terreno empieza a marcar límites concretos. En los pocos asuntos decididos hasta ahora, y también en un informe de la Oficina de Derechos de Autor, la posición predominante rechaza invocar el uso legítimo cuando el contenido de origen procede de una fuente pirateada.
"En EE UU hay docenas de casos pendientes. Sin embargo, en los pocos decididos hasta ahora y en un informe de la Oficina de Derechos de Autor, la posición predominante es que la doctrina del uso legítimo no puede invocarse si la fuente del contenido es pirateada." - Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora de Bird & Bird
Eso introduce una distinción incómoda para quienes defendían que entrenar modelos era comparable a leer, analizar o aprender de materiales ajenos. Rosati rechaza una analogía perfecta porque, técnicamente, el proceso realiza reproducciones reservadas a los propietarios de los derechos de autor.
La discusión tampoco afecta solo a libros, música o imágenes. Abarca la identidad misma de una persona, algo que ya aparece en el registro de marcas sonoras con el que Taylor Swift y Matthew McConaughey han intentado blindar el uso de su voz frente a imitaciones generadas por IA, en un terreno cercano a la protección legal de la voz.
Francia quiere invertir la carga de la prueba
Europa explora una vía distinta que puede resultar más incisiva para los desarrolladores. En Francia hay un proyecto de ley que plantea una presunción de uso, de modo que el contenido se consideraría utilizado para entrenamiento y correspondería al desarrollador demostrar que no fue así.
"En Francia hay un proyecto de ley que pretende introducir la presunción de uso, en el sentido de que se presume que tu contenido ha sido utilizado para fines de entrenamiento y corresponderá al desarrollador de la IA demostrar que eso no ha sucedido." - Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora de Bird & Bird
La idea no se quedaría necesariamente en el ámbito nacional. Ese modelo francés de presunción de uso podría incorporarse a una posible revisión de la Directiva de observancia de los derechos de la propiedad intelectual de 2004 de la Unión Europea, lo que convertiría una propuesta local en referencia comunitaria.
Dinamarca, mientras tanto, ha propuesto una ley para introducir un nuevo derecho de réplica digital. La fórmula apunta a otro frente del mismo problema, el de la persona cuya imagen, voz o identidad puede circular en versiones sintéticas cada vez más convincentes, como ya muestran los mecanismos contra la suplantación.
Luxemburgo puede fijar el tono para toda la Unión
Además del debate legislativo, los jueces europeos se preparan para intervenir. Hay un caso remitido desde Hungría al Tribunal de Justicia de la UE y Rosati cree que una decisión prevista probablemente el próximo año marcará el tono para los distintos Estados miembros.
"Hay un caso remitido desde Hungría al Tribunal de Justicia de la UE sobre el cual habrá una decisión probablemente el próximo año; lo que de ahí salga marcará el tono para los diversos Estados miembros." - Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora de Bird & Bird
Rosati también lanza una advertencia que va más allá del caso concreto. Las leyes demasiado pegadas a una tecnología envejecen deprisa, así que el reto consiste en redactar normas flexibles que sirvan para usos que todavía ni siquiera están del todo definidos.
"No deberíamos adoptar leyes que sean demasiado específicas tecnológicamente porque se volverán obsoletas muy rápidamente. Deberían ser lo suficientemente flexibles para acomodar nuevos usos." - Eleonora Rosati, catedrática de Derecho de la Propiedad Intelectual en la Universidad de Estocolmo y colaboradora de Bird & Bird
Al final, la tensión no está solo entre creadores y empresas de IA. También enfrenta dos maneras de entender la prueba. Francia quiere presumir que el contenido sí se usó y obligar al desarrollador a demostrar lo contrario, mientras en EE UU ya pesa de forma decisiva si la fuente era pirateada. Entre ambas orillas, 1.500 millones de dólares bastan para recordar que la discusión dejó hace tiempo de ser teórica.