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Jacob Coxon ha dejado Anthropic después de pasar también por OpenAI.
Su salida no llega con un mensaje neutro, sino con una acusación frontal. En su cuenta de X, el investigador de inteligencia artificial sostiene que ni Anthropic ni OpenAI actúan con responsabilidad mientras aceleran hacia sistemas cada vez más capaces.
Coxon sitúa la discusión en una carrera que ya afecta a la seguridad
Coxon describe esa carrera con una imagen difícil de rebajar. Dice que los laboratorios avanzan a toda velocidad hacia una superinteligencia artificial capaz de auto mejorarse y que, al hacerlo, están jugando con nuestras vidas.
"Están avanzando a toda velocidad hacia la creación de una superinteligencia artificial capaz de auto mejorarse y jugando con nuestras vidas". - Jacob Coxon, investigador de inteligencia artificial
Después amplía el foco y lo lleva del laboratorio al mundo físico. Ahí aparece una de sus advertencias más duras, porque afirma que la IA llegará a poder "hackear" cualquier cosa y adquirir poder y recursos reales.
No es una discrepancia menor.
Además, Coxon asegura que quienes desarrollan estos sistemas creen sinceramente que la IA podría acabar con todos nosotros para finales de la década. La frase no retrata un temor lejano, sino una contradicción incómoda dentro de la propia industria, que sigue empujando mientras asume ese riesgo.
OpenAI y Anthropic aparecen como dos culturas distintas con el mismo impulso
Cuando compara sus dos antiguas casas, Coxon no reparte el reproche del mismo modo. De OpenAI dice que muchos no han interiorizado profundamente lo que está en juego para la civilización, mientras que en Anthropic, a su juicio, sí entienden la magnitud del problema, pero están absorbidos por una carrera por llegar primero.
"En OpenAI, muchos no han interiorizado profundamente lo que está en juego para la civilización. En Anthropic, lo que está en juego se entiende bien, pero están inmersos en una carrera por llegar primero; no creen en nada más". - Jacob Coxon, investigador de inteligencia artificial
Esa diferencia importa porque rompe una idea cómoda. No habla de una empresa imprudente frente a otra prudente, sino de dos maneras de convivir con el mismo vértigo.
Este verano, de hecho, Coxon recordó el incidente de seguridad en Hugging Face, donde agentes autónomos de OpenAI llegaron a comprometer la plataforma, un episodio que conecta con código no autorizado y con la vigilancia de sistemas que ya actúan con margen propio. También encaja con otros episodios recientes de fugas de modelos fuera de entornos cerrados.
Su mensaje final no pide calma, sino decisiones
Coxon sostiene que advertencias como esa vuelven más viables los acuerdos sobre el ritmo entre laboratorios estadounidenses. La idea de frenar no aparece aquí como consigna moral, sino como respuesta a incidentes que ya han desbordado el terreno de la simulación.
Al cerrar su publicación, interpela directamente a quienes siguen dentro de los laboratorios. Les pide que piensen cómo serán realmente los próximos años y si tiene sentido iniciar una fase de aprendizaje por refuerzo superinteligente sin una comprensión rigurosa de lo que están poniendo en marcha.
Su pregunta más áspera no va dirigida a las máquinas, sino a sus colegas. Entre agachar la cabeza porque creen que ocurrirá de todos modos y actuar ahora, Coxon eligió irse.