Hay una pregunta que ya no suena a ciencia ficción. ¿Podrá una inteligencia artificial componer algún día una canción como Let it be?
Jon Hernández, divulgador y autor de La HostIA que viene, cree que sí.
Lo dijo al pasar por la radio, pero la idea tiene más fondo del que parece. Para Hernández, hoy la música generada por máquinas todavía necesita una muleta humana para resultar convincente, porque “a día de hoy la única forma en que una canción hecha por IA sea algo digerible, que sea medianamente decente, es cuando alguien coge la IA y lo hacen en conjunto”.
"A día de hoy la única forma en que una canción hecha por IA sea algo digerible, que sea medianamente decente, es cuando alguien coge la IA y lo hacen en conjunto" - Jon Hernández, divulgador y autor de La HostIA que viene
La comparación con el cerebro humano ya está sobre la mesa
Hernández no plantea el debate como una pelea entre lo natural y lo artificial, sino como una diferencia de velocidad y de recorrido. Cuando habla de inteligencia artificial, la define como una máquina capaz de producir inteligencia del mismo modo que el cerebro humano también la produce, aunque por caminos distintos y con tiempos muy desiguales.
Los humanos llevamos miles de años de evolución y la IA apenas lleva cuatro días.
Ahí aparece una de las tensiones más incómodas del debate. Si el resultado final de ambos procesos puede llegar a parecerse, la discusión deja de ser si una máquina puede crear y pasa a centrarse en qué entendemos exactamente por creación.
McCartney sirve para explicar de dónde sale una canción
Para explicarlo, Hernández recurre a Paul McCartney y al proceso que pudo haber desembocado en Let it be. Su razonamiento es sencillo. Antes de escribir una melodía que acaba instalada en la memoria de millones de personas, un músico ha pasado décadas escuchando otras canciones, absorbiendo estilos, probando ideas y acumulando referencias.
En su formulación más gráfica, McCartney habría llegado a ese punto con “treinta y pico años de inputs” a la espalda. Esa imagen de la creatividad como una acumulación lenta conecta de forma directa con el choque entre entrenamiento musical y derechos, donde la frontera entre aprender y apropiarse también resulta resbaladiza.
Luego llega la parte más delicada.
"Lo que los humanos llamamos inspiración, cuando lo hace la IA le llamamos plagio o copia" - Jon Hernández, divulgador y autor de La HostIA que viene
La frase no absuelve a las máquinas ni condena a los músicos. Lo que hace es señalar una asimetría incómoda. Cuando un creador humano transforma todo lo que ha escuchado, solemos hablar de influencia, escuela o inspiración. Cuando un sistema automático hace algo parecido, la sospecha de copia aparece mucho antes.
Hernández sitúa ahí una línea muy delicada entre el plagio y la inspiración.
La duda no está en el “si”, sino en el “cuándo”
Su conclusión, de hecho, no deja mucho espacio para el misterio técnico. Hernández sostiene que la inteligencia artificial podrá crear un Let it be y añade que no tiene ninguna duda sobre esa posibilidad.
Más interesante que la respuesta es el calendario, porque ahí desaparece la seguridad. La incógnita que deja abierta no afecta a la capacidad final de la máquina, sino al momento en que esa capacidad madure lo suficiente como para convertir una suma de patrones en una canción con peso cultural, algo que hoy todavía convive con la avalancha de música sintética que llena plataformas sin garantizar obras memorables.
“Yo creo que la IA podrá crear un Let it be”, dice Hernández. Y justo después introduce el dato que mantiene vivo el debate, porque la única respuesta que no ofrece es la fecha.