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Las redacciones que nacieron para contar lo que pasa empiezan a delegar parte de ese trabajo en sistemas que ya no solo sugieren titulares o corrigen textos. Ahora también escuchan reuniones, rastrean fuentes pequeñas, redactan borradores y, en algunos casos, deciden qué se publica sin una aprobación humana previa.
Un periodista en Montreal trabaja con una máquina para hacer lo fácil
El 27 de octubre de 2026, el Laboratorio de Periodismo Luca de Tena publicó un análisis sobre la inteligencia artificial agéntica en redacciones a partir de un reportaje de Gretel Kahn, difundido el 16 de octubre de 2026 por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo.
Aquel repaso reunió cinco experiencias en Estados Unidos, Canadá, Croacia e Italia sobre sistemas capaces de intervenir de forma autónoma en distintas fases del proceso editorial. La cuestión ya no gira solo alrededor de usar herramientas, sino de repartir decisiones dentro de la cadena de producción de una noticia.
En Montreal, la escena resulta difícil de ignorar.
Tras la quiebra de Métro Media en 2023, el empresario tecnológico Pierre-Antoine Fradet adquirió en 2025 la propiedad intelectual de una cabecera y puso al frente a Olivier Robichaud como director y único periodista contratado. Robichaud trabaja en una estructura mínima donde la automatización absorbe buena parte de la tarea repetitiva.
"La idea es utilizar la IA para hacer lo fácil, de modo que un periodista de carne y hueso pueda hacer lo difícil" - Olivier Robichaud, director y único periodista contratado de una cabecera en Montreal
Ahí aparece una de las tensiones de fondo, porque la promesa de liberar tiempo para el trabajo más exigente convive con redacciones cada vez más reducidas. El ejemplo canadiense lleva esa contradicción al límite al concentrar la cabecera en un solo periodista apoyado por sistemas automáticos.
Arizona y Croacia ya convierten reuniones y fuentes dispersas en borradores
Mientras tanto, Nicholas De Leon dirige en Arizona un proyecto que captura audio de reuniones municipales, lo transcribe y prepara borradores. Además, el sistema puede seguir varias sesiones a la vez, algo que para un reportero sería materialmente imposible sin ayuda técnica.
Esa lógica también aparece en Croacia, donde Tihomir Jauk creó un sistema que cubre más de 124 localidades y consulta más de 2.000 fuentes pequeñas. El sistema genera alrededor de un centenar de borradores diarios y de ellos se publican entre 20 y 30.
De algún modo, esa escala devuelve al mapa zonas informativas que rara vez ocupan espacio en los grandes circuitos. También recuerda que la automatización no entra solo por las redacciones nacionales, sino por el periodismo local, donde seguir cientos de ayuntamientos o medios diminutos exige un tiempo que casi nadie tiene.
Algo cambia cuando una máquina puede vigilar más de 2.000 fuentes pequeñas.
En ese tránsito entre cantidad y criterio ya asomaron otras alertas sobre cambios en los procesos editoriales, sobre todo cuando la automatización deja de ser apoyo y empieza a ordenar flujos de trabajo enteros. La diferencia no es menor, porque pasar de asistir a decidir altera quién detecta el error antes de que llegue al lector.
En Italia el sistema decide y el responsable humano carga con el error
Más lejos aún llega el caso italiano impulsado por Emilio Salmeri, un medio que prescinde de aprobación humana previa y usa modelos de Anthropic y OpenAI. Allí el filtro no está antes de publicar, sino después, cuando toca corregir o responder por lo ocurrido.
"Las decisiones las toma el sistema; las consecuencias las asumo yo" - Emilio Salmeri, promotor de un medio en Italia
La frase encierra casi un nuevo reparto de papeles entre persona y software. El sistema ejecuta y el humano firma la responsabilidad, una separación que sobre el papel parece clara pero que se complica en cuanto aparece un fallo verificable.
Y el fallo apareció.
El medio italiano dirigido por Salmeri ha publicado cuatro rectificaciones por información desactualizada y por interpretar incorrectamente una verificación. En paralelo, Ryan Merket, fundador y director de un medio en Estados Unidos, fija prioridades y condiciones de publicación, firma las noticias y asume las correcciones, un modelo que mantiene la última decisión en manos humanas aunque la automatización intervenga en el proceso.
Ese contraste ayuda a medir dónde está la frontera real. No parece una discusión sobre si la inteligencia artificial escribe mejor o más rápido, sino sobre quién responde cuando un dato viejo entra en circulación o cuando una comprobación falla y nadie la detiene a tiempo, una preocupación que también late en debates recientes sobre supervisión humana en periodismo.
España mira este debate mientras cambian puestos y audiencias
En España, el movimiento coincide con reajustes internos en medios consolidados. infoLibre ha nombrado a Marta Jaenes subdirectora de Política e incorpora a Gonzalo Cabeza como redactor jefe.
Por otro lado, ABC alcanzó 14,14 millones de usuarios únicos en septiembre y recuperó la tercera posición entre los diarios españoles con mayor audiencia digital. La cifra devuelve al primer plano una pregunta incómoda sobre cómo crecer sin diluir la responsabilidad editorial.
Entre un sistema que redacta un centenar de borradores al día, un proyecto que escucha varias reuniones simultáneamente y un medio que ya acumula cuatro rectificaciones, la discusión deja de ser teórica. Lo más concreto de todo quizá sea esto, que cuanto más fácil resulta automatizar lo rápido y lo repetitivo, más visible se vuelve el valor de quien todavía tiene que responder cuando algo sale mal.