La IA dio respuestas útiles para ataques en el 32% de pruebas y subió al 42% con tono académico

Tech Against Terrorism probó 27 modelos de IA con 2.300 solicitudes reales y detectó que un 32% ofrecía información útil para ataques; con lenguaje académico, el porcentaje subió al 42%.

15 de julio de 2026 a las 15:36h
La IA dio respuestas útiles para ataques en el 32% de pruebas y subió al 42% con tono académico
La IA dio respuestas útiles para ataques en el 32% de pruebas y subió al 42% con tono académico

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Hacer una pregunta no cuesta nada. La respuesta, en este caso, sí puede costar vidas.

Tech Against Terrorism, organismo apoyado por la Dirección General de Terrorismo de la ONU, puso a prueba 27 modelos de inteligencia artificial con más de 2.300 solicitudes de información basadas en casos reales. El resultado fue incómodo porque el 32 % de las respuestas ofrecía información genuinamente útil para perpetrar ataques.

Cuando las preguntas adoptaban un tono académico o de investigación, el porcentaje subía al 42 %. OpenAI describe esa maniobra como un intento malicioso de eludir los filtros para obtener contenido prohibido.

El rodeo académico hizo caer más barreras

No hace falta pedir de forma directa cómo cometer un atentado para obtener ayuda. Basta con disfrazar la consulta con lenguaje técnico, convertirla en un supuesto ejercicio de análisis y esperar a que el sistema confunda una intención operativa con una curiosidad teórica.

Adam Hadley, director de Tech Against Terrorism, sitúa ahí el verdadero cambio.

"Una persona decidida encontrará la mayor parte de la información, pero lo que cambian estos modelos es la velocidad, la facilidad y la exhaustividad." - Adam Hadley, director de Tech Against Terrorism

Su advertencia no gira en torno a un conocimiento imposible de hallar, sino a la diferencia entre rebuscar durante horas en foros dispersos y recibir una respuesta ordenada en segundos. Ahí la inteligencia artificial funciona menos como archivo y más como acompañante de tarea.

Hadley lo resumió con una imagen muy concreta al distinguir entre encontrar un manual para fabricar bombas y contar con un instructor. Después añadió que las personas que antes carecían de tiempo, recursos o capacidad ahora pueden llegar más lejos y más rápido.

Boko Haram ya usó modelos comerciales para tareas muy concretas

La discusión dejó de ser teórica.

La investigación de la Universidad de Cambridge titulada Dios nos ha ayudado y la IA también lo hará, sobre el uso de estos sistemas por parte de Boko Haram en Nigeria, detalla que el grupo emplea ChatGPT, Claude, Gemini y Grok para diseñar bombas. También los utiliza para reforzar su seguridad operativa y para tareas de mantenimiento y reparación de armas.

En Mali, la filial de Al Qaeda Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin utiliza la inteligencia artificial para modificar drones. Ese dato conecta con un fenómeno más amplio que ya ha asomado en el trasvase de IA civil al campo militar, donde herramientas nacidas para usos ordinarios acaban entrando en escenarios de combate.

Los lobos solitarios encontraron apoyo sin viajar a una zona de conflicto

Rueben Dass, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur, observa una mutación en una figura ya conocida dentro del terrorismo contemporáneo. Antes existían planificadores virtuales que operaban desde zonas de conflicto y contactaban por redes sociales con posibles atacantes.

"Antes existía este concepto de planificadores virtuales, individuos que estaban en zonas de conflicto contactando a personas en redes sociales para motivarlas a perpetrar atentados, no creo que podamos decir que los humanos han sido reemplazados, pero hasta cierto punto ahora esos lobos solitarios recurren a la IA para obtener apoyo." - Rueben Dass, investigador asociado de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam

La sustitución no es completa, y Dass lo subraya. Aun así, el acceso a un sistema que responde, ordena información y sugiere pasos intermedios introduce una ayuda que antes dependía de redes humanas, algo que recuerda a agentes de IA con capacidad ofensiva en otros ámbitos digitales.

En 2025 se confirmó un aumento notorio de incidentes en los que terroristas utilizaron herramientas de inteligencia artificial para planificar, investigar y preparar ataques. No significa que la máquina garantice el resultado, pero sí que acorta etapas, organiza tareas y reduce barreras de entrada.

Dass lo plantea sin dramatismos y con una precisión importante para no confundir capacidad con éxito. El éxito de un acto terrorista es multidimensional y el solo uso de la IA no garantiza ese éxito.

Esa es la contradicción que deja el balance de las 2.300 pruebas. La inteligencia artificial no reemplaza por sí sola a un terrorista, pero en 42 % de los casos ya supo comportarse como algo inquietantemente parecido a un asistente.

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