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El dinero de la inteligencia artificial ya no solo pasa por los laboratorios. También está empujando al alza el precio de la deuda en un momento en que el bono estadounidense a 10 años ha superado el 5%, una cota que no se veía desde la crisis de 2007.
Los bonos compiten por el mismo capital
Detrás de esa tensión hay dos fuerzas moviéndose a la vez. Por un lado, el BCE y la Fed han elevado los tipos de interés. Por otro, las necesidades de financiación pública coinciden con una oleada de emisiones privadas ligada a los centros de datos, los chips y la infraestructura que exige la inteligencia artificial.
La renta fija corporativa en dólares con grado de inversión ofrece ahora un 5,77%, frente al 4,82% de principios de año. En ese mismo periodo, el rendimiento medio de los bonos soberanos estadounidenses ha escalado del 3,9% al 4,9%.
Florian Späte, estratega sénior de bonos de Generali Investments, sitúa ahí el foco del problema.
"Las primas por plazo siguen expuestas a la lucha por el capital entre las necesidades de financiación pública y las inversiones en inteligencia artificial, lo que mantiene la presión sobre los rendimientos reales. Los déficits persistentes, el elevado volumen de emisiones y el historial poco convincente de la Reserva Federal en materia de inflación refuerzan este riesgo". - Florian Späte, estratega sénior de bonos de Generali Investments
No hablamos de una hipótesis lejana. Las empresas con calificación de grado de inversión han lanzado cerca de un 40% más de deuda este año respecto al mismo periodo del ejercicio anterior, una señal de que la búsqueda de dinero ya se está acelerando en el mercado.
Amazon y Alphabet ya pagan más por financiarse
Amazon cerró en marzo la mayor emisión corporativa de la historia en euros, al captar 14.500 millones de euros. La semana pasada, además, se estrenó en el mercado de libras esterlinas, un movimiento que encaja con la financiación de infraestructura para IA que cada vez busca más plazas y más monedas.
Alphabet también ofrece una pista clara sobre el encarecimiento. En agosto cerró su colocación más cara hasta la fecha, con casi un 7% en una emisión en dólares australianos a 20 años.
2,1 billones de dólares.
Esa es la cifra prevista de emisiones de deuda para financiar la inteligencia artificial en el mercado de grado de inversión hasta 2030, de acuerdo con un informe de JP Morgan. Cuando se mira así, cada colocación deja de parecer un episodio aislado y pasa a formar parte de una presión acumulativa sobre el coste del capital.
Europa todavía va detrás, pero ya nota el tirón
Camille Suh, analista de renta fija en Lazard Frères Gestion, pone números a ese desplazamiento geográfico. En total, los hiperescaladores emitieron 37.000 millones de euros en el mercado europeo en 2025 y 2026, una cantidad menor que los más de 200.000 millones de dólares emitidos por esas mismas empresas en el mismo periodo en Estados Unidos.
Aun así, la tendencia importa porque las emisiones en euros se están multiplicando. Esa presión ya se parece a la que describen las colocaciones internacionales de Alphabet, donde la diversificación de divisas deja ver hasta qué punto la financiación se ha vuelto una carrera global.
Mientras tanto, Josep Soler, fundador y consejero ejecutivo de EFPA España, observa ventas en la deuda soberana, sobre todo en la estadounidense y en los activos denominados en dólares, al tiempo que la oferta de nuevas emisiones se ha disparado. Su lectura añade otra capa, porque ese movimiento ya se traslada a Europa y puede afectar con mayor intensidad a los países que generan menor confianza, con Francia entre los casos más expuestos.
La presión no termina en Wall Street
Soler identifica cinco factores que mantienen abierta la incógnita sobre la evolución de este mercado. Habla del comportamiento de la economía, de los conflictos abiertos, de la inflación, del volumen de deuda alternativa que siga llegando para financiar la inteligencia artificial y de la confianza que despierten los niveles de endeudamiento de los distintos países.
Ahí aparece la contradicción más incómoda.
La inteligencia artificial suele contarse como una historia de potencia de cálculo y nuevos servicios, pero en el mercado de bonos empieza a leerse como una disputa mucho más terrenal por atraer ahorro disponible. Cuando el Tesoro de Estados Unidos, Amazon y Alphabet salen a buscar dinero casi al mismo tiempo, el pulso no lo marcan solo los algoritmos, sino el interés que exigen los inversores para prestar.