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La inteligencia artificial suele imaginarse como algo limpio, casi flotante. En Estados Unidos ocurre lo contrario, porque la energía generada con gas para alimentar centros de datos pasó de 4 gigavatios a comienzos de 2024 a 97 gigavatios al cierre de 2025 y a más de 189 gigavatios a mediados de 2026.
Un salto eléctrico convirtió a los centros de datos en clientes del gas
Más de 189 gigavatios ya estaban en juego a mediados de 2026, una escala difícil de encajar sin traducirla a algo cotidiano. Un solo gigavatio puede abastecer a casi un millón de hogares.
Detrás de ese giro aparece una relación cada vez menos disimulada entre la fiebre por procesar modelos y la necesidad de levantar suministro propio. Jenny Martos, analista de investigación de Global Energy Monitor, sitúa ahí el núcleo del problema.
"Cada vez más, la expansión de la energía de gas en EE. UU. está directamente vinculada con la expansión de los centros de datos; no se puede hablar de una sin la otra". - Jenny Martos, analista de investigación de Global Energy Monitor
No es una conexión abstracta ni una discusión de despacho. Los desarrolladores recurren a plantas privadas de gas de autoconsumo para esquivar los plazos de conexión a la red eléctrica general.
China siguió otra ruta y buscó electricidad donde ya sobraba
Mientras Estados Unidos supera a China en el liderazgo mundial de proyectos gasísticos en desarrollo, Pekín ha colocado muchos de sus centros de datos en zonas rurales con excedente de energía limpia. Ahí pesan sobre todo la solar y la hidroeléctrica.
Kyle Chan, investigador de la Brookings Institution, describe ese patrón como una orientación general hacia las renovables en el auge chino de los centros de datos. En ese contraste cabe también el reparto mundial de centros avanzados, que concentra la infraestructura más exigente en estos dos países.
En China también existen intentos de crear fuentes privadas de energía para estos complejos, pero Chan los define como proyectos de menor envergadura.
"Podría tener sentido a corto plazo desde el punto de vista económico, sobre todo si se quiere dotar de energía a estos centros de datos rápidamente y no se tiene acceso al mismo tipo de energía renovable barata del que se dispone en China". - Kyle Chan, investigador de la Brookings Institution
Ese matiz importa porque ayuda a entender la lógica inmediata del gas sin volverla inocua. Alimentar rápido un centro de datos puede resolver una urgencia industrial, pero también desplaza la inversión que habría ido al sector de las energías limpias.
Además, los cuellos de botella de la red explican por qué tantas empresas intentan construir su propio atajo energético. Cuando la conexión tarda demasiado, el gas privado deja de presentarse como transición y empieza a funcionar como infraestructura fija.
El problema no termina en levantar turbinas y enchufarlas
Jenny Martos advirtió que si todo esto llega a construirse, Estados Unidos bloqueará emisiones contaminantes durante décadas. Ahí está la paradoja de fondo, porque una industria asociada al futuro digital acelera apoyándose en un combustible del pasado.
Son cifras gigantes.
Pasar de 4 a más de 189 gigavatios en poco más de dos años no solo mide un aumento de demanda. También retrata dos maneras de resolver la misma prisa, una apoyada en plantas privadas de gas y otra en centros rurales conectados a excedentes de solar e hidroeléctrica.