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La llamada a frenar el desarrollo de la inteligencia artificial ha bastado para pinchar parte del entusiasmo bursátil de un sector que llevaba meses subiendo casi sin pausa.
No es una contradicción menor. Las dudas de seguridad han enfriado el rally, pero varios gestores y analistas mantienen la exposición porque distinguen entre el ruido de mercado y el peso industrial de la tecnología.
Los inversores no salen corriendo, pero sí miran dónde pisan
Los analistas de Tressis lo dicen sin rodeos en una cita que retrata bien ese equilibrio. No ven la respuesta en abandonar la tecnología ni en cuestionar el potencial estructural de la inteligencia artificial.
"No creemos que la respuesta pase por salir de la tecnología ni por cuestionar el potencial estructural de la inteligencia artificial" - analistas de Tressis
Joaquín Robles, analista de Banco BiG, sitúa el matiz en el tipo de riesgo. Su planteamiento no pasa por cerrar posiciones ligadas a la IA, sino por reducir exposición en el tramo más especulativo de la cadena, donde además pesan las ganancias acumuladas desde finales de 2022 y un ajuste de previsiones podría activar recogidas de beneficios.
Hay mucho dinero ya ganado.
Diego Fernández Elices, director de inversiones en AandG Global Investors, también evita los extremos. Defiende una posición relevante, aunque no dominante, en compañías vinculadas a la IA, una forma de recordar que la convicción no obliga a concentrar toda la cartera en el mismo relato.
El dinero busca refugio en negocios que venden picos y palas
Cuando Tressis baja al terreno concreto, aparecen nombres menos expuestos al fervor narrativo y más ligados a infraestructura industrial. Schneider Electric y Prysmian figuran entre sus oportunidades, una lógica que encaja con el coste creciente de la IA, donde chips, energía y redes pesan tanto como el software.
Fernández Elices mira hacia Asia por otra razón. Prefiere SK Hynix y Samsung porque, según explica, cotizan por debajo de 8 veces los beneficios estimados del próximo año, un argumento de valoración en medio de un mercado acostumbrado a pagar múltiplos mucho más tensos cuando entra en modo euforia.
En su fondo Paradigma Value Catalyst, la suma de memoria y semiconductores ronda el 12%.
A eso añade cerca de un 20% en energía. No es un detalle secundario, porque la inteligencia artificial suele venderse como una historia de algoritmos, aunque en cartera también se parece a una historia de electricidad, centros de datos y materiales.
Las alternativas aparecen fuera del núcleo más caliente de la IA
Tressis no limita la búsqueda de oportunidades al perímetro directo de esta tecnología. Sus analistas señalan la renta variable europea y japonesa, y dentro de ese mapa mencionan Airbus, Rolls Royce y Safran, una selección que desplaza la atención hacia industrias con otro ciclo y otra sensibilidad bursátil.
Panza Capital traza una ruta distinta en Estados Unidos, Reino Unido y el norte de Europa. Su apuesta pasa por constructoras residenciales prudentes y con caja en balance, un recordatorio de que, cuando una temática domina titulares y cotizaciones, muchos gestores prefieren buscar valor justo en los lugares que el mercado mira menos.
Xavier Carulla, gestor de Arquia Gestión, tampoco compra una lectura binaria entre estar o no estar en IA. Explica que sus fondos mantienen exposición porque sigue viendo recorrido en una tendencia que transforma muchas industrias, pero al mismo tiempo identifica alternativas como Linde, UniCredit y Roche, igual que las últimas caídas del mercado han recordado que una sola narrativa rara vez sostiene por sí sola toda una cartera.
Entre el miedo a los riesgos de la IA y las fuertes ganancias acumuladas desde finales de 2022, el mensaje que dejan gestores y analistas resulta menos épico y más útil, mantener exposición, rebajar la parte especulativa y recordar que en algunos fondos la energía ya pesa cerca de un 20% mientras memoria y semiconductores rondan el 12%.