La IA entra en la escritura, pero una pregunta en ChatGPT consume 10 veces más electricidad que Google

Olga Tokarczuk y Miguel Ángel Hernández usan la IA como apoyo, mientras Bernie Sanders pide repartir la propiedad de estas empresas. Un informe de la ONU alerta del enorme coste material de la tecnología.

29 de junio de 2026 a las 15:28h
La IA entra en la escritura, pero una pregunta en ChatGPT consume 10 veces más electricidad que Google
La IA entra en la escritura, pero una pregunta en ChatGPT consume 10 veces más electricidad que Google

Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

La inteligencia artificial ha entrado ya en el cuarto de trabajo de los escritores, pero no todos la dejan acercarse al manuscrito.

Olga Tokarczuk, escritora polaca y premio Nobel, la usa para documentarse y para imaginar alternativas de trama. Miguel Ángel Hernández, escritor, también la emplea como apoyo documental, aunque fija una frontera nítida y no permite que entre en la escritura creativa.

Los autores ya la consultan, pero no le entregan la voz

Esa diferencia importa porque retrata un cambio más amplio. La máquina sirve para buscar, ordenar y sugerir, pero cuando llega la hora de decidir el tono, la cadencia o la mirada, muchos autores siguen defendiendo un territorio propio.

Marta Fraile, investigadora, llama redes parasociales a las redes sociales.

No es una etiqueta menor. Si buena parte de nuestra conversación pública ya transcurre en espacios donde millones de personas establecen vínculos emocionales con voces que no conocen, la aparición de asistentes conversacionales añade otra capa de intimidad simulada a una relación que parece cercana, aunque funcione a escala industrial.

Bernie Sanders quiere que la propiedad también llegue a los ciudadanos

Mientras la IA entra en la vida cotidiana como herramienta de consulta o compañía verbal, la discusión política empieza a girar hacia una pregunta más áspera y mucho menos sentimental. Quién se queda con el valor que genera.

"La IA pertenece al pueblo, no a los multimillonarios" - Bernie Sanders, senador norteamericano

Sanders presentará una propuesta en el Senado de Estados Unidos para que los ciudadanos tengan una parte de las empresas que han desarrollado la inteligencia artificial. La idea coloca la disputa en un terreno poco habitual, porque no habla solo de regular usos o riesgos, sino de repartir propiedad.

Detrás de ese debate hay una paradoja visible en el gasto físico de la IA. Lo que parece un servicio instantáneo y ligero depende de instalaciones, materias primas, agua y electricidad en volúmenes que rara vez aparecen en la pantalla.

Una consulta digital arrastra agua, energía y materiales muy reales

El informe Navigating New Horizons de Naciones Unidas, publicado en 2025, recuerda hasta qué punto esa supuesta levedad es engañosa. Fabricar una computadora de dos kilos exige 800 kilos de materias primas.

La Agencia Internacional de la Energía añade otra comparación que acerca el problema al gesto más común. Una pregunta a ChatGPT consume 10 veces la electricidad de una búsqueda en Google.

Desde 2012, el número de centros de datos ha pasado de 500.000 a ocho millones. Para 2026, la misma agencia estima que esos centros representarán casi el 35 % del uso de energía en Irlanda.

Ahí aparece otra escala difícil de ignorar. La infraestructura de inteligencia artificial podría consumir seis veces más agua que Dinamarca, un país de seis millones de habitantes, cuando una cuarta parte de la Humanidad todavía carece de acceso a agua potable y saneamiento.

Extremadura ya pone cifras a un conflicto que parece lejano

Jorge Torribia y Manuel García, investigadores, llevan esa tensión al terreno español con una comparación imposible de leer como abstracción. Sostienen que dos centros de datos proyectados en Extremadura consumirían toda la energía producida por los dos reactores de la central nuclear de Almaraz.

De pronto la conversación cambia de escala y de idioma cotidiano. Ya no trata solo de chats útiles, de novelas asistidas o de asistentes que responden en segundos, sino de qué territorio soporta el coste material de una tecnología que muchos viven como algo casi etéreo, una tensión que también asoma en los límites eléctricos de los centros de datos.

Entre la autora que pide variantes para una trama y los reactores de Almaraz hay menos distancia de la que parece. Una sola pregunta puede costar 10 veces más electricidad que una búsqueda en Google.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía