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La inteligencia artificial no ha borrado empleo en España, al menos no de forma neta. Lo que sí aparece en los registros es algo más incómodo de medir y más fácil de notar en ciertos despachos, estudios y oficinas, porque las actividades más expuestas a la IA generativa están creando entre un 20 y un 25 % menos empleo del que cabría esperar por su tendencia previa.
Ese desajuste equivale a una merma de entre 250.000 y 300.000 afiliados en los sectores más expuestos. La brecha, además, coincide en el tiempo con la llegada de ChatGPT a finales de 2023.
El mercado laboral crece, pero lo hace por debajo de su propia inercia
Visto en conjunto, el mercado laboral español avanza entre un 7 y un 8 % por debajo de la tendencia de 2015 a 2019, una diferencia que en julio de 2026 ronda 1,5 millones de afiliados.
No es una caída general del empleo.
La lectura que dejan los datos apunta más bien a una recolocación de trabajadores hacia sectores como el tecnológico. Ahí está una de las paradojas del momento, porque la herramienta que automatiza tareas de oficina no aparece acompañada por una destrucción neta del empleo, pero sí por un frenazo visible en los espacios donde más rápido puede entrar.
De las 88 actividades de la clasificación CNAE, 32 se alejan de lo previsible desde la irrupción de la inteligencia artificial generativa. En enero de 2026 entró en vigor la CNAE 2025 y ese cambio introdujo distorsiones estadísticas en una docena de actividades, así que el dato más limpio para medir el golpe previo queda en diciembre de 2025.
Programadores, administrativos y perfiles creativos concentran la desviación
Programación y consultoría informática, administración de oficinas y servicios auxiliares, y otras actividades profesionales, científicas y técnicas forman el núcleo más expuesto. Ahí entran perfiles tan distintos como programadores, administrativos, diseñadores, fotógrafos o traductores.
Antes de la pandemia, la programación y consultoría informática crecían a un ritmo anualizado del 10,3 %. En julio de 2026, su brecha respecto a la tendencia esperada superaba el 20 % y equivalía a 120.000 trabajadores menos.
La administración de oficinas y servicios auxiliares ofrece quizá la señal más brusca.
Esta actividad pasó de crecer a un ritmo anualizado del 6,2 % a retroceder un 6,4 %. En diciembre de 2025, la brecha alcanzaba el 26 % y afectaba a 112.000 personas.
Algo parecido ocurrió en otras actividades profesionales, científicas y técnicas. Ese grupo pasó de crecer un 7,6 % a retroceder un 3,1 %, con una brecha del 27 % en diciembre de 2025 que afectaba a 52.000 personas.
La suma de esas tres actividades deja una cifra difícil de ignorar, porque en diciembre de 2025 la brecha conjunta alcanzaba 260.000 personas.
No todas las anomalías apuntan a la IA y ahí está parte del problema
Algunas ramas evolucionan mejor de lo esperado por razones muy distintas. Los servicios financieros y las actividades postales y de correos crecen por encima de lo previsto empujados por la banca digital, el fintech y la logística ligada al comercio electrónico, un terreno que conecta con ofertas de IA en España que ya aparecen en el mercado laboral.
En cambio, el transporte aéreo y marítimo y la construcción de edificios registran las brechas más pronunciadas por factores mucho más terrenales. El encarecimiento del combustible, la disrupción del mar Rojo y la subida de tipos de interés pesan aquí más que cualquier algoritmo.
Esa mezcla obliga a leer las cifras con cuidado.
No todo desvío respecto a la tendencia nace de la inteligencia artificial, y no toda huella de la inteligencia artificial adopta la forma clásica de un despido. A veces aparece como menor contratación, a veces como traslado de trabajadores entre sectores y a veces se cruza con otras sacudidas de la economía.
España mide el impacto con más niebla que otros países
Hay además un límite estadístico nada menor. La Clasificación Nacional de Ocupaciones en España no ofrece el nivel de detalle necesario para calcular qué puestos reúnen tareas que ya podrían asumir los modelos de lenguaje, algo que sí resulta posible en Estados Unidos.
Esa falta de desglose vuelve más difícil saber qué oficio cambia y qué tarea desaparece dentro de cada oficio. Mientras tanto, el mercado ya convive con uso diario de IA en muchos entornos de trabajo, aunque las series de afiliación miden mejor el empleo total que esa transformación microscópica de las tareas.
Por eso la foto final resulta menos rotunda de lo que prometen los titulares apocalípticos y más incómoda para quien busque una respuesta simple. No hay prueba estadística de destrucción neta de empleo por la IA en España, pero sí una brecha de hasta 300.000 afiliados en las actividades más expuestas y otra de 1,5 millones frente a la tendencia general en julio de 2026.