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La inteligencia artificial está devolviendo empleos que antes ayudó a recortar.
La paradoja ya no cabe en una nota al pie. Una encuesta de Orgvue indica que el 39% de los directivos ha eliminado puestos por el despliegue de inteligencia artificial, pero más de la mitad admite que al menos parte de esas decisiones fue errónea. Dicho de otra forma, muchas empresas descubrieron tarde que automatizar una tarea no equivale a reemplazar un trabajo entero.
Ford volvió a llamar a ingenieros que conocían fallos que la máquina no vio
Ford ha empezado a reincorporar a cientos de ingenieros con experiencia para resolver problemas de calidad que los sistemas automatizados no pudieron abordar por sí solos.
Ahí aparece una diferencia que a menudo se pierde en el entusiasmo por la automatización. Un sistema puede repetir, clasificar y acelerar procesos, pero cuando surge un defecto difícil de rastrear, la experiencia acumulada de alguien que ya vio ese problema antes vuelve a pesar.
Algo parecido ocurrió en la banca, un terreno donde la promesa de eficiencia suele medirse en segundos y en costes. Commonwealth Bank of Australia sustituyó parte del personal de atención al cliente por un asistente de voz basado en inteligencia artificial, y el movimiento terminó provocando un aumento de quejas que obligó a revisar la estrategia.
IBM comprobó que los casos incómodos seguían pidiendo criterio humano
IBM automatizó tareas rutinarias de recursos humanos, pero los casos complejos relacionados con decisiones éticas siguieron requiriendo intervención humana.
No es un matiz menor. Cuando una decisión afecta a contratación, evaluación o trato con clientes, el problema ya no consiste solo en procesar datos, sino en interpretar situaciones ambiguas, asumir responsabilidad y distinguir entre una excepción legítima y un error del sistema.
Por eso resulta llamativo que Commonwealth Bank of Australia e IBM hayan anunciado un fuerte incremento de la contratación de perfiles de entrada tras reducir plantilla y acelerar inversiones en inteligencia artificial. El ajuste no solo corrige recortes previos, también sugiere que las organizaciones siguen necesitando personas para sostener el trabajo que los sistemas automáticos desordenan en los bordes.
Los recortes ahorraron menos de lo esperado y después salió más caro corregirlos
Gartner alerta de que cuatro de cada cinco empresas que realizaron despidos vinculados a la inteligencia artificial no obtuvieron mejoras financieras directas.
La consultora añade otro dato que enfría muchos discursos triunfales, y es que hasta el 30% de los puestos desplazados por la inteligencia artificial volverán a cubrirse antes de 2029. En muchos casos llegarán con salarios más elevados y con nuevos costes de selección y formación, una factura que convierte el supuesto ahorro inicial en una operación bastante menos limpia.
En Estados Unidos, el patrón ya tiene cifras propias. Un estudio de Robert Half muestra que el 32% de los responsables de contratación eliminó un puesto principalmente por la inteligencia artificial y terminó contratando de nuevo a alguien para funciones similares.
Esa marcha atrás no parece un accidente aislado, sino una corrección que obliga a pagar dos veces por el mismo ajuste. Primero llega el recorte con la promesa de eficiencia, y después aparece la necesidad de recuperar conocimiento, rehacer equipos y volver a formar a alguien para tareas que nunca desaparecieron del todo.
Incluso fuera de la tecnología, el empleo tecnológico bajo presión ya venía mostrando una tensión parecida entre automatización y demanda real de talento. También encaja con las previsiones globales sobre empleo, donde destruir puestos y volver a crearlos forma parte del mismo movimiento.
Al final, el dato más incómodo no es que algunas empresas despidieran por apostar por la inteligencia artificial. El dato más incómodo es que muchas descubrieron después que el trabajo seguía ahí, esperando a la persona que sabría qué hacer cuando el sistema fallara.