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El robo ya no necesita paciencia cuando una cuenta de criptomonedas puede vaciarse en horas.
Ese cambio de escala aparece en varios frentes a la vez. Binance calculó en 6.300 millones de dólares el impacto de una brecha de seguridad reportada el 30 de octubre, mientras Bitget registró en septiembre transferencias por unos 387,5 millones de dólares hacia direcciones controladas por atacantes.
La IA acortó el trabajo previo de los atacantes a menos de seis horas
Google y Anthropic describen un salto inquietante en la mecánica del asalto digital. Sus informes detallan el uso de agentes de inteligencia artificial para automatizar tareas de reconocimiento, explotación y robo de credenciales.
En 2026, Google Threat Intelligence documentó un caso en el que un atacante empleó agentes de inteligencia artificial para crear y ejecutar una operación de recolección de credenciales en menos de seis horas. Anthropic observó en septiembre operaciones que ejecutaban agentes en paralelo para reconocimiento, explotación y robo, una secuencia que acerca el ataque automatizado a una cadena de montaje.
Esa aceleración ya había asomado en agentes que vacían criptocarteras, donde el problema no era solo la intrusión, sino su persistencia sin intervención humana.
Las plataformas centralizadas cargan con demasiadas llaves a la vez
Michael Egorov, fundador de Curve Finance, puso el foco en una fragilidad muy concreta. A su juicio, las plataformas centralizadas afrontan una superficie de ataque amplia por la combinación de accesos privilegiados y sistemas complejos.
"La inteligencia artificial encuentra fallos casi a diario en infraestructuras de ese tipo" - Michael Egorov, fundador de Curve Finance
No hace falta imaginar un laboratorio remoto para entenderlo. La investigación inicial sobre la brecha reportada por Binance apuntó a un ordenador portátil de DevOps comprometido y a retiros no autorizados, justo el tipo de punto de entrada donde un permiso interno vale más que miles de intentos desde fuera.
También pesa la geometría del sistema. Cuantos más accesos privilegiados, proveedores, paneles y herramientas de análisis conviven sobre la misma operativa, más fácil resulta que un fallo lateral termine afectando al dinero, a los datos o a ambas cosas.
Los fallos pequeños también abren agujeros de tamaño industrial
Un defecto que debilitaba la aleatoriedad de ciertas semillas generadas por COLDCARD se vinculó con el robo de más de 1.000 bitcoin en 41 minutos.
Ahí aparece una paradoja conocida en seguridad digital. Un detalle técnico que para la mayoría de usuarios suena abstracto, como la calidad de una semilla criptográfica, puede decidir en minutos el destino de una fortuna.
En octubre, Keystone informó de una brecha en su sitio web que expuso datos personales asociados a 25.964 registros de compradores. Coinbase, por su parte, afirmó que un incidente en el proveedor de análisis Amplitude expuso información de contacto de un pequeño subconjunto de clientes.
Mientras tanto, el fraude cotidiano sigue creciendo por canales mucho menos vistosos, como ya muestran las estafas con phishing que convierten un mensaje trivial en la puerta de entrada al robo de credenciales.
El coste no siempre empieza en la blockchain y casi nunca termina ahí
Entre enero y noviembre de 2025, el FBI registró más de 262 millones de dólares en pérdidas por apropiación de cuentas. Esa cifra ayuda a situar el problema fuera del nicho cripto y dentro de una rutina mucho más amplia, donde el botín puede arrancar con una contraseña robada y acabar en cualquier servicio conectado.
Cuando Google describe ataques montados en menos de seis horas y Egorov habla de fallos detectados casi a diario, el dato que mejor ordena el paisaje no es técnico ni abstracto. Son esos más de 262 millones de dólares perdidos por apropiación de cuentas en once meses.