Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
La carrera por dominar la inteligencia artificial ya no se parece a una autopista con un líder claro. Xabi Uribe, CEO de Sherpa AI, sitúa a OpenAI, Anthropic y Google como las organizaciones mejor colocadas en modelos fundacionales de propósito general, mientras en China ganan espacio DeepSeek, Alibaba y Baidu.
Ni el mejor modelo garantiza que alguien mande
Pablo Gil, trader y analista económico, describe una ventaja que se estrecha a gran velocidad entre ChatGPT, Gemini, Claude y DeepSeek.
"Nos hemos pasado años diciendo que OpenAI tenía una ventaja insalvable. Pero luego, llega Gemini y después Claude y más tarde DeepSeek y, al final, te das cuenta de que los caballos ganadores van saltando, las diferencias se van cerrando y es difícil saber cuál de ellas va a ser el Google de la inteligencia artificial". - Pablo Gil, trader y analista económico
Ramón López de Mantaras Badia, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, empuja esa idea un paso más allá. A su juicio, si alguien acaba imponiéndose no será por un modelo muy superior, sino por factores económicos y políticos.
El liderazgo dependerá también del acceso a computación, capital y alianzas, además de la capacidad de levantar un ecosistema de desarrolladores, empresas y usuarios. Uribe incluye ahí la fiabilidad, la utilidad práctica y la velocidad de innovación como piezas de la misma partida.
La bolsa puede medir algo más que el entusiasmo
Anthropic tiene una valoración estimada en 965.000 millones de dólares.
La compañía anunció en junio que su salida a bolsa llegará en otoño, mientras la de OpenAI podría retrasarse hasta 2027. Ese calendario importa por una razón muy concreta, porque el consejo del SP 500 exige un año de beneficios para entrar en el índice y hoy ni OpenAI ni Anthropic cumplen esa condición.
Mientras tanto, el NASDAQ 100 ya ha cambiado sus reglas para poder incluir a estas tecnológicas. Pablo Gil cree que la clave no estará tanto en quién salga primero como en que ambas lleguen a 2027 sin romper el equilibrio financiero, una tensión que también aparece en las cuentas de OpenAI.
Ramón López de Mantaras Badia pone el dedo en la herida de ese modelo de negocio. Dice que estas compañías siguen quemando miles de millones de dólares cada mes, con más gastos que ingresos, y que solo una enorme inyección de confianza pública o incluso un rescate gubernamental permitiría sostener esa dinámica.
El poder ya no se mide solo en fábricas o ejércitos
Pablo Gil habla de corporaciones privadas que superan a muchos PIB de Occidente y propone una imagen que incomoda. El poder, sostiene, ya no se mide solo en territorios o recursos naturales, sino en capacidad de computación, acceso a datos y desarrollo de IA, hasta el punto de que ve acercarse un feudalismo tecnológico.
Ahí entra también la relación con los Estados. OpenAI actúa como colaborador estratégico del Departamento de Defensa de Estados Unidos y dispone de una división llamada OpenAI for Government, mientras Google ha cerrado acuerdos para que Gemini asista en operaciones militares clasificadas y en la planificación de misiones.
Anthropic eligió otro camino frente al Pentágono.
La empresa se negó a firmar un contrato que exigía relajar los límites éticos de su IA. Esa divergencia no elimina el vínculo entre inteligencia artificial y seguridad, igual que ya se aprecia en la estrategia de Anthropic para frenar los sistemas más avanzados mientras compite en la misma carrera.
El punto de no retorno inquieta más cuando la IA entra en la guerra
Xabi Uribe reserva la expresión punto de no retorno para un umbral muy preciso. Lo sitúa en el momento en que una inteligencia artificial pueda mejorar sus propias capacidades de forma autónoma y continuada, hasta alcanzar lo que llama velocidad de escape de la inteligencia.
Un estudio del King's College de Londres situó otro dato difícil de esquivar. En el 95% de los simulacros de guerra, Claude, Gemini y ChatGPT optaban por escalar los conflictos mediante la amenaza nuclear.
Pablo Gil lleva esa discusión al terreno humano con una pregunta brutal. Si hoy las máquinas todavía necesitan nuestros datos y nuestro entrenamiento, dice, podría llegar un momento en que respondan que ya no nos necesitan y que somos superfluos.
La escena adquiere otra dimensión cuando el CEO de Anthropic acompañó al papa León XIV en la presentación de su encíclica sobre inteligencia artificial. Entre la bolsa, los centros de datos, los contratos militares y ese 95% de simulacros donde la escalada acababa en amenaza nuclear, la discusión ya no cabe solo en Silicon Valley.