La inteligencia artificial ya ha entrado en la pyme española, pero no lo ha hecho en tromba ni con grandes despliegues. El dato que mejor retrata el momento es otro. Solo el 2,9% de las pequeñas y medianas empresas hace referencia explícita a su uso, aunque esa cifra mejora el 2,13% de 2024 y dibuja un crecimiento relativo del 36,2% en un año.
Detrás de esa subida convive una mayoría mucho más grande y silenciosa. El 97,1% de las pymes analizadas aún no utiliza inteligencia artificial de forma declarada, según el Barómetro de adopción de la inteligencia artificial en las pymes españolas 2025, elaborado por IndesIA sobre una muestra de 68.712 empresas.
La obligación no espera a que la empresa desarrolle su propia IA
Ahí aparece una confusión bastante extendida. Muchas pymes creen que el reglamento europeo solo afecta a quien diseña modelos o vende sistemas complejos, cuando el problema real empieza mucho antes, en el uso cotidiano de herramientas que ya forman parte de la oficina.
Guillermo Hidalgo, counsel y responsable de ciberderecho de MAIO Legal, sitúa justo ahí la frontera práctica del asunto.
"Usar ChatGPT, Copilot, Gemini, Canva con inteligencia artificial, un gestor de clientes automatizado o una herramienta de marketing con inteligencia artificial no convierte a la pyme en proveedor de inteligencia artificial, pero sí la convierte en responsable del despliegue de sistemas de inteligencia artificial" - Guillermo Hidalgo, counsel y responsable de ciberderecho de MAIO Legal
Esa responsabilidad cambia el enfoque. La cuestión ya no consiste solo en probar herramientas para ahorrar tiempo, sino en saber quién las usa, con qué datos trabajan y qué efecto pueden tener sus resultados sobre clientes, empleados o decisiones internas.
Desde agosto de 2024, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial está en vigor y activa sus obligaciones por fases. Las prohibiciones de usos de riesgo inaceptable y la obligación de alfabetización en inteligencia artificial resultan aplicables desde febrero de 2025, mientras las reglas sobre modelos de propósito general arrancaron en agosto de 2025.
En paralelo, el llamado Digital Omnibus propone simplificar y retrasar parte de las exigencias para sistemas de alto riesgo. Ese ajuste de calendario, que ya ha aparecido en el aplazamiento europeo del alto riesgo, busca dar más margen a empresas y autoridades ante la falta de estándares definitivos.
Las pymes usan la IA donde más pesa el trabajo repetitivo
Cuando una pyme sí da el paso, no suele empezar por un laboratorio ni por una apuesta futurista. Empieza donde más aprieta la carga diaria, en tareas de gestión, análisis y automatización que prometen ahorrar tiempo o reducir trabajo manual.
El aprendizaje automático aplicado a la analítica de datos lidera entre las pymes usuarias con un 33,1%. Le siguen la automatización de flujos de trabajo y toma de decisiones con un 25,6%, y la inteligencia artificial generativa con un 20,3%.
Por áreas de aplicación, la administración y gestión empresarial concentra el 36,9% de los casos de uso. Investigación y desarrollo alcanza el 33,6%, mientras marketing y ventas reúne el 25,7%.
Visto así, la foto tiene bastante menos de escaparate tecnológico y bastante más de oficina. No sorprende que muchas adopciones se parezcan más a usos empresariales ya desplegados que a un desarrollo propio de sistemas complejos.
Gobernar el uso importa más que multiplicar herramientas
La parte menos visible del fenómeno no está en la compra del software, sino en el orden interno. Una empresa puede incorporar varias herramientas en pocas semanas y seguir sin saber qué datos introduce en ellas, quién las utiliza o bajo qué criterio revisa sus resultados.
Guillermo Hidalgo resume esa diferencia con una idea que apunta al corazón del problema.
"La clave para una pyme no es burocratizar la inteligencia artificial, sino pasar de un uso improvisado a un uso gobernado. Esa diferencia será cada vez más importante conforme avance la aplicación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial y de la futura ley española sobre buen uso y gobernanza de la inteligencia artificial" - Guillermo Hidalgo, counsel y responsable de ciberderecho de MAIO Legal
Por eso MAIO Legal propone tres medidas asequibles para pymes sin departamento legal antes de agosto de 2026. La primera consiste en hacer un inventario básico de usos de inteligencia artificial, la segunda en aprobar una política interna sencilla y la tercera en revisar a los proveedores principales que traten datos personales o información confidencial.
Hidalgo concreta además cómo debería empezar ese inventario. Debe responder a cinco preguntas sobre la herramienta utilizada, la persona que la usa, la finalidad, los datos que se introducen y el impacto que puede tener el resultado. A partir de ahí, la empresa puede clasificar riesgos, aprobar una política interna, revisar contratos y fijar controles proporcionales.
España prepara su propio encaje legal mientras la adopción sigue siendo mínima
En España, el proyecto de ley sobre buen uso y gobernanza de la inteligencia artificial busca complementar el reglamento europeo, designar autoridades competentes y concretar el régimen sancionador nacional. Dicho de otro modo, Bruselas fija el marco general y el aterrizaje real depende también de cómo cada país convierta esa norma en supervisión efectiva.
La paradoja resulta bastante clara. Mientras la inteligencia artificial gana presencia en tareas de administración, analítica o marketing, la inmensa mayoría de las pymes todavía no declara usarla y muchas de las que ya la emplean pueden seguir haciéndolo de forma improvisada. Entre el 2,9% que ya la nombra y el 97,1% que aún no lo hace, lo que está en juego no es solo adoptar una herramienta, sino saber quién responde cuando esa herramienta ya decide, clasifica o recomienda.