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La fiebre de la inteligencia artificial ya no cabe solo en los balances de las tecnológicas. También asoma en una magnitud mucho más difícil de ignorar cuando se pone en contexto, porque el gasto interno ligado a esta carrera ha pasado de casi cero en 2021 a rondar el 2% del producto interior bruto en el segundo trimestre.
Wolfe Research calcula que el gasto de capital relacionado con la inteligencia artificial crecerá alrededor del 40% en 2026. Para 2027 prevé otro 30% en la infraestructura de los grandes proveedores de nube.
El ritmo ya bajó, pero sigue muy por encima de otros ciclos
A principios de 2022, el crecimiento trimestral del gasto en inteligencia artificial superó el 80%. Desde 2023 se ha estabilizado en torno al 40%, una desaceleración que no implica un frenazo, sino un cambio de velocidad dentro de una expansión todavía muy alta.
Wolfe Research sitúa entre el 10% y el 15% el crecimiento anualizado para 2028 y habla de un aterrizaje suave del propio ciclo de inversión.
La comparación histórica ayuda a medir la escala. Wolfe Research sostiene que este auge figura entre los más rápidos de la historia reciente en gasto de capital sobre el producto interior bruto, por encima del boom puntocom de finales de los años noventa y del ciclo inmobiliario de mediados de los años 2000.
La nube contrata obreros mucho antes que técnicos
No todo ese dinero se convierte de inmediato en capacidad operativa. Un centro de datos típico de un gran proveedor de nube tarda entre tres y seis años en estar plenamente operativo.
Ahí aparece una paradoja poco visible para el usuario que solo ve una interfaz y una caja de texto. Durante la construcción, estas instalaciones pueden movilizar hasta 10.000 empleados, pero una vez abiertas suelen quedarse en plantillas permanentes de entre 50 y 400 trabajadores.
FracTracker mantiene en cartera más de 700 centros de datos.
Esa cifra equivale a añadir un 16% al parque existente, una expansión física que recuerda que la inteligencia artificial depende tanto de suelo, energía y hormigón como de chips y modelos. En esa misma conversación encaja el coste energético de la IA, porque cada nueva instalación arrastra consumo eléctrico, refrigeración y redes.
Los condados ganan empleo, pero la gran factura llega antes que los ingresos
Cuando un centro entra en funcionamiento, los condados que lo acogen registran un aumento del empleo de aproximadamente el 3,5% y de los salarios del 5%. Son efectos locales concretos, visibles en la economía del territorio incluso cuando la instalación ya funciona con una plantilla contenida.
Sin embargo, el desequilibrio entre lo que se gasta y lo que ya retorna sigue siendo llamativo. Las estimaciones de ingresos procedentes de servicios de inteligencia artificial rondan los 200.000 millones de dólares, frente a unas estimaciones de gasto de capital más de tres veces superiores.
"El riesgo es el mercado, no la tecnología en sí" - Wolfe Research
La advertencia apunta menos a los laboratorios que a Wall Street. Wolfe Research identifica como escenario más probable de tropiezo una revalorización de las acciones de los grandes proveedores de nube que termine acelerando después las reducciones del gasto de capital por efecto riqueza.
Eso es lo que la firma llama riesgo de circularidad.
Si además llega una decepción en el crecimiento de los ingresos por inteligencia artificial y coincide con una compresión de múltiplos en un entorno de aversión al riesgo, la desaceleración ordenada podría volverse desordenada. La pregunta de fondo no gira tanto sobre si la tecnología funciona, sino sobre cuánto tiempo puede sostener el mercado una inversión que ya empuja entre el 10% y el 20% del crecimiento nominal del producto interior bruto en los últimos trimestres.
Visto así, la imagen final no la deja un chatbot, sino una obra que tarda entre tres y seis años en completarse. Mientras los ingresos ligados a la inteligencia artificial rondan los 200.000 millones de dólares, hay más de 700 centros de datos esperando turno para materializar una apuesta que ya pesa cerca del 2% del producto interior bruto.