Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Hay riesgos que no caben en una casilla del Excel.
Eso es lo que ocurre con la inteligencia artificial en las carteras de los grandes fondos de pensiones, donde el problema ya no consiste solo en decidir si una acción puede subir o bajar, sino en medir hasta qué punto una misma tecnología se ha colado a la vez en la bolsa, el crédito, el capital riesgo y la infraestructura.
Monte Tarbox, director de Inversiones del Sistema de Jubilación de la Ciudad de Nueva York, lo llevó a una decisión concreta al rechazar un fondo de capital riesgo por su alta exposición a la inteligencia artificial. El sistema que ayuda a gestionar maneja 327.000 millones de dólares, de modo que el gesto no pertenece al terreno de la anécdota.
"La IA es el ejemplo perfecto de un riesgo sistémico que, por sí solo, en cualquier clase de activo individual, puede no ser una gran preocupación, pero debido a que afecta a tantos aspectos de la economía, de las operaciones y actividades corporativas es un riesgo que resulta imposible de comprender plenamente". - Monte Tarbox, director de Inversiones del Sistema de Jubilación de la Ciudad de Nueva York
Su inquietud no nace de una fobia a la tecnología, sino de una concentración difícil de esquivar. Goldman Sachs calcula que alrededor del 40% del valor total del S&P 500 está compuesto por empresas de infraestructura de inteligencia artificial.
La exposición se reparte por todas partes
Ahí aparece la paradoja. Un gestor puede creer que está diversificando entre clases de activos distintas y descubrir después que buena parte de esa diversificación depende del mismo motor económico.
Apollo Global Management sitúa la inteligencia artificial en casi la mitad de todas las emisiones de bonos con grado de inversión de este año y en el 87% de la financiación de capital riesgo. En mercados emergentes, además, las acciones de tres fabricantes de chips pesan más de una cuarta parte del índice de referencia.
Lisa Shalett, directora de Inversiones de Morgan Stanley Wealth Management, describe esa convergencia entre bolsa y crédito en un terreno donde ambos lados responden a una misma fiebre inversora.
"La IA no hace más que empeorar esa correlación positiva, ya que está profundamente arraigada en el éxito de las acciones y del crédito". - Lisa Shalett, directora de Inversiones de Morgan Stanley Wealth Management
La fotografía corporativa ayuda a entender por qué cuesta tanto escapar. Alphabet vale cuatro billones de dólares, mantiene 130.000 millones en deuda pendiente y su infraestructura conecta más de 30 centros de datos, una escala que da contexto a la financiación con bonos que ya rodea a estas compañías.
Los fondos intentan medir lo que todavía no encaja bien
No todos los grandes inversores están respondiendo igual.
La Asociación de Jubilación de Empleados del Condado de Los Ángeles abrió en mayo una revisión de sus inversiones dentro de un fondo de 94.000 millones de dólares. Jonathan Grabel, su director de Inversiones, estimó con ayuda de MSCI que entre el 8 y el 19% de la cartera está expuesta a la inteligencia artificial.
"No queríamos que la perfección fuera enemiga de la perspicacia". - Jonathan Grabel, director de Inversiones de la Asociación de Jubilación de Empleados del Condado de Los Ángeles
La frase retrata bien el momento. Medir con precisión absoluta todavía resulta difícil, pero dejar de medir porque el mapa es incompleto también supone una decisión.
Thomas Salopek, director de Investigación de Estrategias y Sistemáticas Multiactivos en JPMorgan Chase, creó cuatro modelos que muestran correlaciones positivas significativas con factores de riesgo relacionados con la inteligencia artificial. En una encuesta de Invesco a 90 fondos soberanos, más de la mitad señaló la concentración del mercado como el principal riesgo vinculado a estas inversiones.
Desde Finlandia, Elo Mutual Pension Insurance administra 36.000 millones de euros y Kari Vatanen, director de Asignación de Activos y Alternativas, resumió el cambio de foco con otra idea de fondo. Para él, resulta más importante acertar con la temática de una cartera que con la clase de activo.
La rentabilidad ha empujado el debate y también la cautela
El tirón bursátil ayuda a explicar por qué tantos fondos conviven con esa tensión.
El índice de Bloomberg Intelligence que sigue las acciones relacionadas con la inteligencia artificial ha batido al mercado general en 11 puntos porcentuales anuales. Y esa ventaja convive con señales de saturación histórica que ya aparecieron en episodios como los ferrocarriles o internet, una comparación que Lisa Shalett introdujo al advertir que en algún momento habrá infraestructura suficiente, igual que ocurrió otras veces.
Michael Markov, de Markov Processes International, ofrece un contrapunto relevante tras estimar que la exposición promedio al riesgo de la inteligencia artificial en unos 50 de los mayores fondos de pensiones es prácticamente nula. Su matiz importa tanto como el promedio, porque añade que varios sistemas individuales sí presentan una concentración apreciable.
Algo parecido asoma en la postura de CalPERS. Un portavoz del Sistema de Jubilación de Empleados Públicos de California explicó que el equipo evalúa una amplia gama de factores de riesgo al estudiar inversiones potenciales y revisa con detalle la cartera de private equity para detectar exposición a la inteligencia artificial y los riesgos asociados, una vigilancia que conecta con el riesgo empaquetado en deuda que ya circula por los mercados.
La contradicción sigue ahí, incómoda y muy concreta. Mientras algunos cálculos sitúan la exposición media cerca de cero, otros muestran que un solo tema ya pesa un 40% del S&P 500, casi la mitad de los bonos con grado de inversión del año y el 87% del capital riesgo.