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Europa ha decidido pisar el freno justo en la parte más sensible de su ley sobre inteligencia artificial.
El Consejo de la UE aprobó el 29 de junio de 2026 el Reglamento Ómnibus Digital sobre Inteligencia Artificial, un acuerdo que aplaza la entrada en vigor de varias disposiciones del Reglamento (UE) 2024/1689. La maniobra afecta sobre todo a los sistemas de alto riesgo, esos que no recomiendan una canción, sino que pueden influir en un empleo, un producto o un derecho.
Las reglas más duras llegarán bastante después
Las disposiciones para sistemas independientes de IA de alto riesgo entrarán en vigor el 2 de diciembre de 2027 y no el 2 de agosto de 2026.
También cambia el calendario de los sistemas de IA de alto riesgo integrados en productos. En ese caso, la nueva fecha pasa al 2 de agosto de 2028 en lugar del 2 de agosto de 2027.
Hay un punto donde el retraso pesa más en la vida cotidiana, y está en el trabajo. La decisión pospone 16 meses los derechos y obligaciones ligados al uso de sistemas de IA de alto riesgo en el empleo, un terreno donde un algoritmo puede intervenir en selección, rendimiento o continuidad laboral, como ya ocurre en supervisión algorítmica en el trabajo.
El empleo queda en el centro del aplazamiento
Hasta el 2 de diciembre de 2027 no serán exigibles obligaciones como la transparencia, la supervisión humana, la evaluación de impacto sobre derechos fundamentales y la información a la representación legal y a la plantilla.
Dicho de otra manera, la parte más delicada del reglamento gana tiempo justo donde más roza con decisiones humanas. No hablamos de una función secundaria, sino de sistemas capaces de entrar en procesos laborales donde una mala clasificación puede traducirse en exclusión, vigilancia o pérdida de oportunidades.
Las obligaciones sobre alfabetización en IA e información algorítmica siguen vigentes, porque el aplazamiento no las toca.
No todo se retrasa al mismo tiempo
Esa diferencia evita una suspensión total del marco europeo. La Unión mantiene activas algunas exigencias básicas mientras desplaza las más pesadas, una combinación que deja una imagen curiosa, ya hay deberes de información, pero todavía no llegan varias garantías fuertes para usos de alto riesgo.
No es un matiz menor. En los últimos meses, el debate europeo ya había puesto el foco en ámbitos donde la IA no solo automatiza, sino que observa, clasifica y condiciona conductas, desde decisiones laborales hasta formas de vigilancia mediante análisis facial en el trabajo.
Queda pendiente una pieza esencial.
El texto definitivo del acuerdo aún no se ha publicado, así que el calendario ya está claro, pero la letra final del pacto todavía no se puede leer. Esa combinación entre fechas cerradas y texto pendiente resume bien la situación, Europa ya ha movido el reloj, aunque todavía no ha enseñado la versión definitiva del mecanismo.