La Universitat de València veta los detectores de IA y pide declarar su uso en trabajos

La Universitat de València prohíbe evaluar con detectores de IA, pedirá declarar su uso en trabajos y promoverá exámenes orales y escritos a mano.

28 de septiembre de 2026 a las 08:24h
La Universitat de València veta los detectores de IA y pide declarar su uso en trabajos
La Universitat de València veta los detectores de IA y pide declarar su uso en trabajos

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La Universitat de València ha decidido retirar de la evaluación académica una de las herramientas más discutidas de la era ChatGPT. Prohibirá el uso de detectores de inteligencia artificial y, en su lugar, pedirá a quien use estas herramientas en un trabajo que lo declare de forma responsable.

La medida no nace de un rechazo frontal a la inteligencia artificial, sino de una convivencia ya instalada en las aulas y los despachos. Joan Vila, delegado del rector para la Inteligencia Artificial y Gobierno del Dato, lo resume así.

"Realmente la estamos aplicando todos, pero sin ningún tipo de control" - Joan Vila, delegado del rector para la Inteligencia Artificial y Gobierno del Dato de la Universitat de València

La universidad cambia el foco y deja de perseguir máquinas

Ahí está el giro de fondo. La universidad ha aprobado nuevas directrices para el uso de la inteligencia artificial en el ámbito académico e investigador, con una idea bastante clara de partida, aceptar que la herramienta ya forma parte de la rutina y que el problema no está solo en usarla, sino en hacerlo sin reglas.

También descarta una vía que muchas instituciones habían abrazado con rapidez. Joan Vila sostiene que los detectores han mostrado falsos positivos y falsos negativos sin ofrecer una base robusta.

Son sistemas poco fiables.

La consecuencia práctica afecta a la forma de examinar. La Universitat de València promoverá una evaluación resistente a la inteligencia artificial mediante exámenes orales y pruebas escritas a mano, dos formatos que desplazan el control desde el software hacia la demostración directa de conocimientos.

Ese movimiento conecta con debates recientes sobre errores de estas herramientas, como ocurrió en los falsos positivos en Yale, donde la sospecha automática acabó pesando tanto como la autoría real. Cuando una máquina acusa y otra máquina redacta, la universidad vuelve a mirar a la voz, al papel y al aula.

Copilot llega a toda la comunidad y Google entra en despliegue

Mientras cierra una puerta, la institución abre varias más. Facilita la licencia institucional de Copilot Chat de Microsoft a todo su personal y estudiantado, y además ultima el despliegue de Google Workspace for Education, que podrá solicitarse en los próximos días.

No hay aquí una retirada tecnológica, sino una reorganización del terreno. El Vicerrectorado de Transformación Digital elabora un plan estratégico y un marco regulador para implantar la inteligencia artificial con criterios comunes dentro de la universidad.

El mensaje resulta nítido, aunque encierre una pequeña paradoja.

La misma institución que veta detectores de IA extiende herramientas de IA a profesorado, personal y alumnado. La diferencia está en el control del uso, en la obligación de declararlo en trabajos académicos y en el intento de separar apoyo legítimo de evaluación automatizada.

Los datos sensibles no saldrán de casa

Otra pieza del plan apunta menos al aula y más a la infraestructura. La universidad desarrolla una inteligencia artificial soberana en servidores propios para tratar datos sensibles, una decisión que busca evitar que cierta información viaje fuera del entorno institucional.

Ya han comenzado las pruebas piloto. Entre ellas figura una herramienta de traducción y edición para el Servei de Llengües i Política Lingüística en valenciano, castellano e inglés, un uso muy concreto que baja el debate desde las grandes promesas a una tarea diaria y reconocible.

Esa apuesta por sistemas propios dialoga con otra discusión cada vez más presente sobre privacidad, supervisión y límites del control automático, como ya se vio en la vigilancia en exámenes. A veces la cuestión no consiste en si una herramienta funciona, sino en quién la gobierna y sobre qué datos actúa.

La implantación a gran escala de esa infraestructura comenzará el próximo año, pero el dato que mejor define el momento actual es otro más incómodo y más terrestre. En la Universitat de València la inteligencia artificial ya está dentro, solo que a partir de ahora quien la use tendrá que decirlo y los detectores, pese a su fama de árbitros, quedarán fuera.

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