Martin Scorsese ha entrado en Black Forest Labs como socio y asesor, y el gesto ha abierto una grieta en uno de los debates más incómodos del cine actual. No se discute solo una herramienta. También se discute qué lugar ocupa el trabajo humano cuando una película empieza a imaginarse con inteligencia artificial.
Este miércoles, el Sindicato de Directores de Arte IATSE Local 800 respondió con un comunicado muy duro. La organización sostiene que el director está dando la espalda a los artistas que le ayudaron a levantar algunas de sus películas más recordadas, desde Taxi Driver hasta Uno de los nuestros o Infiltrados.
Scorsese dice que la preproducción ganó velocidad
Black Forest Labs, empresa alemana fundada en Friburgo en 2024, anunció que Scorsese utilizará FLUX para dar vida a sus ideas y que colaborará como asesor para dar forma a la inteligencia visual. Robin Rombach, cofundador y director ejecutivo, presentó la alianza como una prueba del punto al que ha llegado esta tecnología.
En el vídeo difundido por la compañía, Scorsese plantea un problema muy viejo del oficio. Explica que siempre ha costado comunicar al elenco y al equipo lo que un director ve en su cabeza, porque hay ideas que necesitan verse y sentirse antes de llegar al rodaje.
Martin Scorsese, director de cine, describe aquí su experiencia con la herramienta.
"Hace poco lo probé en una escena, y la posibilidad de visualizar y compartir el guion gráfico de inmediato fue muy liberadora creativamente. Durante la preproducción, el tiempo es dinero, y esto nos permitió avanzar más rápido sin sacrificar la calidad ni la técnica." - Martin Scorsese, director de cine
Después amplía el sentido de esa prueba y defiende que la herramienta permite compartir ideas de forma más clara y eficiente con el equipo creativo. También recuerda que el cine es un medio joven, con apenas 125 años, y sitúa su interés en la relación entre tecnología y narrativa.
Ahí aparece la fricción de fondo. La misma promesa de rapidez que para un director puede aliviar la preproducción, para muchos profesionales del diseño visual suena a sustitución encubierta, como ya ocurrió en el debate de Spielberg sobre IA creativa.
El sindicato ve una traición al trabajo colectivo
La respuesta de IATSE Local 800 va justo contra ese punto. El sindicato afirma que la promoción de la herramienta elude la aportación de directores de arte, artistas gráficos, ilustradores, diseñadores de producción, escenógrafos, decoradores y otros profesionales que forman parte de la arquitectura visual de una película.
Su reproche no se queda en el terreno laboral. La organización añade que la IA generativa solo puede producir esa inteligencia cinematográfica tras procesar grandes cantidades de obras protegidas por derechos de autor, probablemente extraídas de Internet sin consentimiento, sin reconocimiento, sin compensación y sin transparencia.
El mensaje al cineasta fue directo y casi personal. El sindicato le recuerda que las habilidades de artistas y diseñadores aportan el máximo nivel de valor a cualquier producción de cine o televisión, y remata que imaginar esas contribuciones imitadas o superadas por sistemas entrenados con trabajos probablemente robados supone una traición a la naturaleza colaborativa del cine.
No es una discusión aislada. La Asociación Cinematográfica también denunció públicamente a Seedance 2.0 por incurrir en el uso no autorizado de obras protegidas por derechos de autor de Estados Unidos a una escala masiva, un choque que conecta con la minería de datos para entrenar IA.
Cannes ya discutió lo que ahora estalla fuera de pantalla
El conflicto llega además en un momento en que la inteligencia artificial ha dejado de ser una conversación lateral en la industria. Demi Moore y Paul Laverty, miembros del jurado de Cannes, ya mantuvieron una discusión sobre esta cuestión durante la primera rueda de prensa del festival.
Mientras tanto, OpenAI anunció a finales de 2025 la producción de Critterz fue presentada como la primera película de animación creada íntegramente por IA, con un presupuesto inferior a treinta millones de dólares y un tiempo de producción de tres meses. En una industria donde cada semana de rodaje pesa en la cuenta final, esa combinación explica por qué la discusión ya no cabe solo en los laboratorios.
Scorsese habla de una herramienta que le permitió visualizar una escena con más rapidez. El sindicato responde que esa velocidad puede apoyarse en obras ajenas y borrar a quienes convierten una intuición en decorado, atmósfera y mundo visible. Entre ambas posiciones queda una cifra incómoda, 125 años de cine y una pelea abierta por decidir quién tiene derecho a imaginar sus próximas imágenes.