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Amazon y Meta compran los mismos chips para inteligencia artificial, pero no cuentan igual el desgaste de las máquinas que los alojan. Ahí, en una estimación contable que suele pasar desapercibida fuera de los balances, puede esconderse una diferencia de miles de millones de dólares en el beneficio que cada compañía presenta al mercado.
Meta alargó la vida de sus servidores y cambió la foto del beneficio
Meta ha aplicado hasta tres extensiones en la vida útil estimada de sus servidores, una decisión que contrasta con la postura de Amazon y que incluso ha llamado la atención de Michael Burry.
La cuestión no gira en torno a qué chips compran, porque ambos grupos adquieren el mismo tipo de hardware para alimentar sus sistemas de IA. El punto delicado está en cuánto tiempo decide cada uno que ese equipo sigue siendo útil en sus cuentas, una diferencia que afecta de forma directa al gasto anual que reconocen.
Visto desde fuera, parece una discusión de contables.
En realidad, toca el corazón de la narrativa financiera porque alargar la vida útil de un servidor reduce la depreciación de cada ejercicio y eleva el beneficio reportado. Meta ha llevado esa revisión hasta tres veces en sus estimaciones internas, mientras Amazon mantiene un criterio distinto para activos que compiten en la misma carrera tecnológica.
La página 8 concentra una decisión que mueve miles de millones
El creador del análisis, que mantiene acciones de Meta en su cartera, describe el negocio publicitario del grupo con una fórmula muy gráfica al decir que va como un tiro. A la vez, reserva una expresión mucho menos amable para la decisión contable de la compañía recogida en la página 8 de su informe anual.
Ahí aparece lo que él llama el truco fiscal.
La combinación resulta llamativa porque enfrenta dos realidades que conviven en la misma empresa. Por un lado, un negocio publicitario que sostiene el pulso de la cuenta de resultados y, por otro, una política sobre la vida útil de los servidores que altera cuánto cuesta hoy una infraestructura comprada para la fiebre de la IA.
Ese contraste encaja con el gasto masivo en infraestructura que domina ahora a las grandes tecnológicas, donde la compra del hardware solo abre la primera mitad del problema y la otra empieza cuando llega el momento de repartir su coste a lo largo de los años.
Hay 11.000 millones pendientes y una fecha ya marcada en el calendario
Meta tiene una factura pendiente de 11.000 millones de dólares que aún no ha pagado.
Esa cifra añade otra capa a la discusión porque no habla de una hipótesis sobre beneficios futuros, sino de dinero comprometido que sigue fuera de caja. También ayuda a entender por qué el mercado mira con tanta atención cualquier ajuste en depreciación, pagos pendientes y ritmo real del negocio.
El próximo 29 de julio llegará una nueva prueba de estrés para esa lectura contable cuando Meta presente resultados. Entre la fortaleza de la publicidad, las facturas aplazadas y la vida útil extendida de los servidores, la comparación con Amazon deja una pregunta incómoda y muy concreta sobre la mesa. Si dos empresas compran los mismos chips, pero una tarda más en dar por gastadas las máquinas, el beneficio no cuenta exactamente la misma historia.