Meta lanza sus gafas inteligentes desde 299 dólares y acelera la pelea por un mercado que creció 167%

Meta estrena su primera línea propia de gafas inteligentes desde 299 dólares, manteniendo la fabricación con EssilorLuxottica y sumando traducción en 14 idiomas, IA, cámara de 12 MP y hasta 8 horas de batería.

24 de junio de 2026 a las 12:00h
Meta lanza sus gafas inteligentes desde 299 dólares y acelera la pelea por un mercado que creció 167%
Meta lanza sus gafas inteligentes desde 299 dólares y acelera la pelea por un mercado que creció 167%

Meta quiere que sus gafas inteligentes dejen de ser un accesorio de nicho y empiecen a parecerse más a un producto de consumo masivo. La señal más clara no está en la cámara ni en la traducción automática, sino en el precio. Por primera vez, la compañía lanza una línea propia desde 299 dólares y se aleja de la fórmula de co marca que había mantenido con Ray-Ban y Oakley.

Meta bajó el precio para entrar en más caras

Andrew Bosworth, director de tecnología de Meta, lo plantea como una cuestión de segmentos y no solo de estilo. La empresa quiere llegar a más usuarios y Bosworth sostiene que ese salto depende también del nivel de precio, algo que ayuda a entender por qué estos modelos arrancan por debajo de los 379 dólares de Ray-Ban y de las variantes de primavera que parten de 499.

No cambia todo lo demás.

La fabricación, las lentes y la distribución siguen ligadas a EssilorLuxottica, de modo que la ruptura afecta a la marca visible para el comprador, pero no a la estructura industrial que pone el producto en la calle. Ahí aparece una jugada curiosa, porque Meta intenta controlar mejor su identidad comercial sin soltar la maquinaria que ya conoce el negocio óptico.

Los tres estilos principales son Adventurer, Fury y una versión ovalada desarrollada con Kylie Jenner bajo el nombre de Edición Starfire. En ese último caso, la colaboración no se limita al diseño, porque añade un sonido personalizado, un estuche de carga con espejo y la opción de sustituir la voz estándar por otra generada con la voz real de la colaboradora.

Entre tanto adorno de moda, el paquete técnico intenta recordar que esto no va solo de monturas. Los dispositivos incorporan traducción en 14 idiomas, navegación paso a paso y el modelo Muse Spark IA, además de una cámara de 12 megapíxeles, captura de vídeo en 3K, ocho horas de batería y hasta 32 horas adicionales con el estuche.

También admiten lentes recetadas.

Ese detalle importa más de lo que parece, porque pueden ajustarse desde -12 hasta +2,5 dioptrías y añadirse con mayor facilidad después de la compra. En un producto que aspira a salir del escaparate tecnológico y entrar en la rutina diaria, poder ver bien sigue siendo una función menos vistosa que hablar con la IA, pero bastante más decisiva.

Las cifras dicen que Meta ya domina un mercado pequeño que crece muy rápido

Mark Zuckerberg afirmó en la llamada de resultados de abril que el número de personas que usan estas gafas a diario se triplicó interanualmente. IDC pone una cifra al dominio comercial y calcula que la línea de Meta concentró el 69,2% de los envíos del mercado en el primer trimestre de 2026, dentro de un segmento que creció un 167% frente al mismo periodo de 2025.

Ese avance no significa que el camino esté despejado. Jitesh Ubrani, gerente de investigaciones de IDC, advierte que los rivales que están tomando forma frente a Meta son formidables, mientras Google y Samsung preparan unas gafas con inteligencia artificial para finales de año y OpenAI y Apple trabajan también en productos similares. En paralelo, IDC estima que el precio medio de venta de las gafas inteligentes caerá de 376 dólares en 2026 a 229 dólares en 2030, una presión que puede ensanchar el mercado y estrechar los márgenes al mismo tiempo.

La competencia ya no discute si habrá gafas con IA, sino cuánto costarán.

En esa carrera, Meta también reconoce los límites del formato actual. Andrew Bosworth ha admitido interés en desarrollar unas gafas de audio sin cámara y de menor coste, una pista de que la empresa estudia versiones más simples para quienes quieren escuchar, traducir o recibir indicaciones sin llevar un objetivo grabando sobre la frente.

La privacidad sigue siendo el punto más incómodo de toda esta categoría, y Bosworth describe la luz indicadora de grabación como un juego del gato y el ratón frente a actores maliciosos. Su explicación retrata bien el problema, porque Meta intenta mejorar generación tras generación para que esa luz se convierta en una señal en la que los transeúntes puedan confiar, justo cuando los riesgos de grabación continua ya han puesto estas monturas bajo una lupa incómoda.

La industria todavía busca para qué sirven de verdad

Runar Bjorhovde, analista de Omdia, plantea una duda más profunda que la del precio o la autonomía. La industria todavía debe demostrar si estos dispositivos vestibles pueden hacer algo verdaderamente único o diferente gracias a la cámara y a su capacidad para construir contexto sobre el mundo que rodea al usuario.

Esa es la paradoja de fondo. Meta domina el mercado, baja precios, suma estilos y empuja la categoría mientras las gafas sin pantalla de Google anuncian otra ruta posible, pero la pregunta decisiva sigue sin resolverse del todo.

Un mercado que creció 167% en un año aún busca su función cotidiana.

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