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La fuga de cerebros entre China y Estados Unidos ya no se cuenta solo en visados, laboratorios o salarios. También se mide en empresas como Moonshot AI, la firma que Yang Zhilin levantó tras volver a China y que hoy compite con Anthropic y OpenAI con su modelo abierto Kimi K3.
Yang no era un perfil menor. Se graduó en la Universidad de Tsinghua, colaboró en Transformer-XL durante su etapa en la Universidad Carnegie Mellon y completó allí el doctorado en cuatro años, después de recibir el interés de Apple, Google, Meta, el MIT y Stanford.
Lo dijo sin rodeos Russ Salakhutdinov, supervisor de Yang Zhilin en Carnegie Mellon.
"Si al menos no intentaba crear su propia empresa, lo lamentaría el resto de su vida" - Russ Salakhutdinov, supervisor de Yang Zhilin en la Universidad Carnegie Mellon
Moonshot AI creció cuando Yang Zhilin volvió a China
De regreso a China, Yang fundó Moonshot AI y reunió un equipo de 300 personas. De ese grupo salió la familia de modelos Kimi, y Moonshot AI ha lanzado Kimi K3 como un modelo abierto que compite con Anthropic y OpenAI.
No es un caso aislado.
Un estudio de la Hoover Institution en Stanford siguió el perfil de 356 investigadores que trabajaron en DeepSeek y encontró una señal difícil de pasar por alto. El 53,5 % nunca estudió ni trabajó fuera de China, lo que rompe la idea de que el avance chino en inteligencia artificial depende siempre de una larga estancia en Occidente.
Aun así, la circulación entre ambos países sigue siendo decisiva. El mismo estudio detectó que el 70 % de los investigadores de DeepSeek con experiencia en Estados Unidos terminó regresando a China.
Volver a China ya no implica renunciar a crear productos
Esa vuelta tiene una explicación menos académica y más industrial. Un emprendedor chino del sector sostiene que una empresa en Estados Unidos lograría una valoración hasta 10 veces superior, pero que en China puede poner soluciones reales en producción en menos de cinco años.
La comparación retrata dos incentivos distintos en una misma carrera. Un mercado premia más la expectativa financiera y el otro acelera el paso hacia productos desplegados.
Mientras tanto, otra cifra ayuda a entender el clima humano que rodea estas decisiones. Una encuesta de la Universidad de Stanford realizada en 2024 a 1.304 científicos de origen chino residentes en Estados Unidos reveló que el 73 % no se sentía seguro trabajando como investigador en el país.
El laboratorio también cambia cuando cambia el entorno social
La misma encuesta añadió un dato todavía más concreto, porque el 65 % temía sufrir acoso o violencia racista en Estados Unidos. Cuando la discusión sobre talento se limita al sueldo o al prestigio del centro, queda fuera una parte incómoda del problema.
Ahí aparece una contradicción que atraviesa toda esta historia. Estados Unidos sigue siendo capaz de atraer a perfiles buscados por Apple, Google, Meta, el MIT o Stanford, pero parte de ese talento termina marchándose, como ya contaban los avances chinos frente a OpenAI y el crecimiento de Moonshot con Kimi.
Yang Zhilin resume esa tensión mejor que muchos discursos. Formado en Tsinghua y Carnegie Mellon, tentado por gigantes de Silicon Valley y respaldado por un supervisor que le animó a fundar su propia empresa, acabó construyendo en China un equipo de 300 personas que ya disputa el mismo tablero global.