Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
El Mundial 2026 también está jugando otro partido, uno que no sale en el marcador. Durante la fase de grupos, cerrada el 27 de junio, la FIFA detectó 89.000 publicaciones ofensivas en redes sociales y el 11% contenía mensajes racistas.
No hablamos de un ruido marginal. La ONU ha calificado esos mensajes de despreciables y ha pedido a las plataformas que prevengan y aborden la discriminación racial, mientras el torneo deja una imagen incómoda sobre cómo el fútbol global convive con viejos prejuicios y nuevas herramientas de intoxicación.
El mapa del torneo desmiente la idea de las selecciones puras
Hay un dato que desmonta de golpe ese relato identitario. En este Mundial han participado 48 selecciones y 292 de los 1.248 futbolistas convocados nacieron en un país distinto al que representan.
Francia aparece en el centro de esa discusión por una razón muy concreta. Un total de 99 futbolistas nacidos en Francia han representado a otra selección en este torneo, una cifra que retrata hasta qué punto las migraciones y la doble nacionalidad forman parte de la geografía real del fútbol.
Hasta Curaçao lo llevó al extremo.
La selección caribeña contó con un único jugador nacido en la isla y los otros 25 nacieron en Países Bajos. No es una anomalía folklórica, sino una consecuencia directa de la historia política, colonial y migratoria que atraviesa a muchas federaciones y que vuelve cada vez más frágil la fantasía de una camiseta ligada a un solo origen.
Esa tensión estalló también en la política. El Gobierno francés llamó racista al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy por un artículo de opinión en el que afirmaba que en la selección de Francia no hay franceses, y Pedro Sánchez le acusó de avergonzar a España con declaraciones xenófobas sobre el equipo francés.
Las redes amplificaron el odio con nombres propios y bulos fabricados
El problema no quedó en el debate abstracto sobre identidad nacional. La senadora paraguaya Celeste Amarilla publicó en X mensajes contra Kylian Mbappé, uno de los rostros más visibles de una selección que vuelve a concentrar ataques por su composición étnica y por el viejo reflejo de cuestionar quién pertenece de verdad a una nación.
Mientras tanto, circuló un vídeo generado con inteligencia artificial que suplantaba a un medio público para anunciar que Lamine Yamal no jugaría el torneo por extremismo islamista. Ese tipo de montaje encaja con los bulos visuales del Mundial, donde la apariencia periodística basta a menudo para hacer creíble una falsedad.
Tampoco faltó la suplantación de voces. El locutor argentino Nicolás Haase aclaró que circulaba un audio manipulado con su voz en el que supuestamente decía que Francia y Senegal son selecciones africanas, una pieza generada con inteligencia artificial con más de 98% de fiabilidad.
Ahí está una de las novedades más ásperas de este torneo.
Ya no hace falta inventar solo un texto o recortar un vídeo, porque ahora también se pueden fabricar una voz reconocible, un rótulo verosímil y una puesta en escena casi profesional para dar salida a prejuicios muy antiguos. Cuando esa cadena funciona, el bulo no acompaña al racismo, sino que actúa como su vehículo más eficaz, igual que ocurre en otros montajes xenófobos con IA que se difunden como si fueran bromas.
Marruecos volvió a ser objetivo incluso después de caer en cuartos
Marruecos terminó su recorrido en cuartos de final, eliminado por Francia. Aun así, firmó la segunda mejor actuación de su historia en una Copa del Mundo tras alcanzar las semifinales en 2022.
Ni siquiera esa trayectoria evitó la avalancha de desinformación. Se desmintió que la selección marroquí hubiera pixelado a las mujeres en su foto oficial, también que un jugador hiciera ante la cámara un gesto de decapitar, porque esa imagen correspondía a hace tres años con la sub 23, y además se desmontó que unos vídeos de disturbios en París fueran actuales.
La Federación Alemana de Fútbol tuvo que salir al paso de otra derivada de ese clima. Aclaró que no había recibido ninguna solicitud de las que circulaban en redes y añadió que, en cualquier caso, algo así contradice flagrantemente sus valores.
Al final, la paradoja resulta difícil de ignorar. Nunca hubo tantos jugadores con trayectorias cruzadas, familias repartidas entre varios países y selecciones construidas sobre historias de ida y vuelta, pero una parte de la conversación pública sigue empeñada en reducir ese mapa humano a una frontera rígida, aunque para sostenerla necesite 89.000 mensajes ofensivos y una cascada de falsificaciones.