Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Hay anuncios que no caben del todo ni en la ciencia ni en la industria. OpenAI comunicó el 8 de septiembre que un sistema interno de inteligencia artificial elaboró una demostración sobre el problema de existencia y regularidad de Navier-Stokes y formalizó el resultado con Lean.
El problema nació en el siglo XIX y aún guarda una grieta
Las ecuaciones de Navier-Stokes describen cómo se mueven fluidos como el agua, el aire o la sangre.
Desde el año 2000, el Instituto Clay de Matemáticas incluye el problema de existencia y regularidad de Navier-Stokes entre sus Problemas del Milenio y fijó un premio de un millón de dólares para quien lo resuelva. No es una rareza de pizarra, porque detrás de esa formulación está una pregunta muy concreta sobre cuándo un flujo deja de comportarse de forma regular.
Aquí aparece la parte más delicada. OpenAI sostiene que su demostración prueba que un fluido inicialmente regular puede desarrollar una singularidad en un tiempo finito bajo las condiciones descritas en su trabajo, y además afirma que eso permite resolver determinadas formulaciones incluidas oficialmente en el Problema del Milenio.
OpenAI movilizó 10.000 agentes para atacar una vieja pregunta
Según la empresa, el grupo que produjo el resultado involucró del orden de 10.000 agentes concurrentes de un nuevo modelo interno. La imagen impresiona menos por el brillo de la cifra que por lo que sugiere sobre una nueva forma de investigar, con miles de procesos atacando a la vez un problema que durante décadas ocupó a especialistas humanos.
En paralelo, el Instituto Clay dejó claro que el problema aparentemente había sido resuelto, pero también advirtió que la evaluación del resultado y la atribución del mérito avanzarán de forma deliberadamente pausada. Esa cautela no es un detalle administrativo, sino parte del corazón del asunto cuando lo que está en juego no es solo una prueba, sino quién la hizo y cómo debe validarse.
Marcos Pérez pone esa tensión en palabras con una imagen muy reconocible para cualquiera que haya mirado el mar, el humo o una corriente de aire.
"Sabemos que en la realidad de los fluidos hay mucho caos, hay muchos vórtices y perturbaciones". - Marcos Pérez
La dificultad del problema nace justo de ahí, de intentar describir con herramientas matemáticas limpias un mundo físico que rara vez lo es. Por eso estas ecuaciones llevan tanto tiempo en el centro de la matemática aplicada, entre la intuición de la física cotidiana y la exigencia casi brutal de una demostración formal.
La prueba llega entre antecedentes, carreras paralelas y una negación
No era un terreno vacío.
Tristan Buckmaster, profesor de la Universidad de Nueva York, y Levent Alpöge, investigador de Anthropic, trabajaban en cuestiones estrechamente relacionadas con el problema. También figuraban entre los antecedentes científicos relevantes algunas líneas desarrolladas por los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, cuyas aportaciones formaban parte del paisaje previo de esta área.
Ahí asoma otra capa de la historia, menos matemática y más contemporánea. OpenAI niega haber utilizado trabajo privado de Buckmaster y asegura que una investigación interna concluyó que las consultas enviadas por el matemático a Codex durante los dos meses anteriores no pudieron influir en el sistema.
Esa discusión sobre la atribución no resulta ajena a una disciplina donde una idea puede tardar años en madurar y donde un detalle técnico cambia la autoría de una línea entera de trabajo. En piezas recientes sobre coautoría de la IA en matemáticas ya aparecía esa misma pregunta sobre dónde termina la herramienta y dónde empieza el autor.
Marcos Pérez también dejó otra frase que ayuda a entender por qué estos problemas pesan tanto en la imaginación de los matemáticos.
"Estos problemas eran como faros que señalaban el camino". - Marcos Pérez
La metáfora encaja porque los Problemas del Milenio no solo premian una solución, también ordenan durante años qué preguntas merecen tiempo, talento y prestigio. Algo parecido ya se había visto al discutir la verificación independiente de la prueba, que sigue siendo el filtro decisivo entre un anuncio y un resultado aceptado.
Hay, además, un detalle llamativo en medio de toda esta disputa. OpenAI asegura que no pretende reclamar el Premio del Milenio asociado al problema de Navier-Stokes.
Ese millón de dólares sigue ahí como símbolo, pero la verdadera cifra que ahora pesa es otra. Son 10.000 agentes concurrentes frente a un problema que el Instituto Clay todavía examinará sin prisa, aunque ya haya admitido que aparentemente fue resuelto.