OpenAI dice resolver Navier Stokes, pero la prueba del Problema del Milenio aún no supera la verificación

OpenAI asegura haber resuelto Navier Stokes, uno de los Problemas del Milenio del Clay Mathematics Institute, pero la demostración publicada el 8 de septiembre sigue sin validación independiente.

10 de septiembre de 2026 a las 12:01h
OpenAI dice resolver Navier Stokes, pero la prueba del Problema del Milenio aún no supera la verificación
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OpenAI ha colocado su nombre sobre uno de los problemas más viejos y delicados de las matemáticas, pero el anuncio llega con una grieta imposible de ignorar. La empresa asegura haber resuelto la cuestión de existencia y suavidad de Navier Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio del Clay Mathematics Institute, premiados con un millón de dólares cada uno y abiertos desde hace casi 90 años, aunque la prueba publicada el 8 de septiembre todavía no ha pasado una verificación independiente.

Ese matiz lo cambia casi todo.

La carrera empezó cuando un rumor encendió la mecha

Sam Altman, presidente ejecutivo de OpenAI, admitió que la empresa entró en esta carrera después de que circularan rumores en internet sobre una posible resolución del problema por parte de modelos de Anthropic. La curiosidad, en este caso, no suena a sobremesa académica, sino a una competición en tiempo real entre laboratorios con recursos descomunales.

OpenAI comenzó a entrenar su nuevo modelo contra los Problemas del Milenio el 1 de septiembre. Lo hizo tras conocer los avances de Tristan Buckmaster, matemático de la Universidad de Nueva York, y Levent Alpöge, investigador de Anthropic.

Antes, el 15 de agosto, Buckmaster y Alpöge habían logrado un avance hacia la resolución de Navier Stokes apoyándose en un método de los españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa. Terence Tao, medalla Fields, definió ese trabajo como un logro notable, una valoración que ayuda a medir el terreno en el que estaba entrando OpenAI y que conecta con otros problemas matemáticos de larga duración que ya han empezado a atraer a estos sistemas.

La disputa estalló antes incluso de que llegara la revisión

La noche anterior al anuncio de OpenAI, Buckmaster publicó una declaración con una acusación muy concreta. Sostuvo que la empresa conocía su investigación privada inédita, que ya tenía una prueba antes de contactar con él y que le ofreció una publicación conjunta o, en su defecto, atribuir el resultado a un modelo de OpenAI.

Buckmaster también afirmó que Sébastien Bubeck, científico de OpenAI, le presionó en dos ocasiones para excluir a Alpöge de la autoría por su vínculo con Anthropic.

Sébastien Bubeck, científico de OpenAI, abordó después el conflicto sobre la autoría.

"Una de las opciones que comentamos era que Buckmaster fuera el autor principal de una reescritura de la demostración de Navier-Stokes de OpenAI. Fue en ese contexto en el que dije que sería más sencillo si Levent no fuera empleado de Anthropic, porque me parecía inapropiado que un empleado de Anthropic firmara un trabajo de OpenAI" - Sébastien Bubeck, científico de OpenAI

Levent Alpöge, investigador de Anthropic, publicó a su vez que había contactado con OpenAI la noche del miércoles 2 de septiembre para comunicar dos puntos. El primero, que tenía información de que la empresa disponía de datos sobre un trabajo matemático en el que él estaba trabajando y que unos días antes había creado un grupo para competir.

Tao puso el foco en algo más incómodo que la autoría

La polémica no termina en quién firma qué. Terence Tao ha cuestionado qué incentivos quedan para compartir ideas prometedoras si un rumor basta para activar miles de agentes y millones de dólares en cómputo por parte de un competidor.

Tao también ha criticado la ocultación de intentos fallidos y del propio proceso de demostración. En el fondo plantea una pregunta incómoda para la cultura matemática, porque no solo importa llegar al resultado, también importa entender cómo se llegó.

Ahí aparece una tensión que ya asomaba en las advertencias de Tao sobre pruebas correctas que ningún humano pueda explicar con claridad. Si además los intentos fallidos quedan fuera de la vista, la idea matemática corre el riesgo de pesar menos que la potencia de cómputo.

OpenAI niega el acceso directo y admite una zona gris

Buckmaster llegó a preguntarse si OpenAI pudo acceder a sus notas y a sus prompts en Codex para plagiar su trabajo. La sospecha toca uno de los nervios más sensibles de la era de la IA, porque mezcla propiedad intelectual, privacidad y competencia en una sola frase.

OpenAI respondió con una nota de prensa en la que negó haber visto el trabajo por ningún medio antes de que se hiciera público y negó también el acceso a datos concretos de usuario para resolver el problema. Aun así, la empresa añadió una salvedad que deja abierta una zona gris al reconocer que no puede descartar que datos desidentificados derivados del uso de sus productos hayan contribuido a mejorar sus modelos.

El precedente reciente obliga a mirar el anuncio con cautela

OpenAI ya había tropezado el pasado verano al asegurar que había ganado una medalla en la Olimpiada Matemática, algo que resultó falso porque ni siquiera había participado. No es un detalle menor cuando la prueba de Navier Stokes sigue sin validación externa y el prestigio del anuncio depende precisamente de ese escrutinio.

De momento conviven dos hechos difíciles de reconciliar en una misma fotografía. Por un lado, una empresa proclama haber resuelto un problema que lleva casi 90 años abierto y que arrastra un premio de un millón de dólares; por otro, la comunidad matemática aún no ha emitido el veredicto que convierte una demostración en conocimiento aceptado.

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