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Hay alianzas que parecen estratégicas hasta que aparecen las cifras. En el último ejercicio fiscal de Microsoft, OpenAI le aportó 24.100 millones de dólares por acuerdos comerciales, capacidad informática, construcción de modelos y reparto de ingresos.
Esa cantidad explica una parte central del negocio. Los 24.100 millones representan cerca del 70 % de las ventas de inteligencia artificial de Microsoft en el ejercicio cerrado en junio de 2026.
OpenAI ya pesa más de lo que sugiere el relato de socio tecnológico
Visto desde otra escala, la relación también impresiona. OpenAI equivale a alrededor del 7,3 % de los ingresos anuales totales de Microsoft, que facturó 331.800 millones de dólares en su último ejercicio.
Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, había asegurado en marzo que el negocio de inteligencia artificial superaba los 37.000 millones de dólares anuales tras crecer un 123 % durante el trimestre. El cierre completo del ejercicio dejó una facturación real de unos 34.000 millones, una distancia que retrata lo difícil que resulta medir un negocio que todavía se mueve a gran velocidad.
Más de dos tercios.
La dependencia no circula en un solo sentido. OpenAI paga a Microsoft por la capacidad de Azure, por los recursos que necesita para construir y ejecutar sus modelos y también por una parte de sus propios ingresos.
"Cuanto mayor sea la parte de esos ingresos que proceda de servicios prestados a OpenAI, y no de los beneficios de la inversión, más favorablemente lo veré". Jackson Ader, analista de KeyBanc
La observación de Jackson Ader apunta al corazón contable del acuerdo. No vale lo mismo ingresar por vender infraestructura y capacidad de cómputo que hacerlo por la rentabilidad financiera de una participación, aunque ambas vías acaben dentro de la misma relación empresarial.
Microsoft gasta como un proveedor que no puede permitirse quedarse corto
Desde comienzos de 2022, Microsoft ha destinado 261.300 millones de dólares a inversiones de capital en servidores, chips y centros de datos. Esa cifra ayuda a entender por qué la carrera de la inteligencia artificial no solo depende de modelos y aplicaciones, sino de una red física que cuesta decenas de miles de millones antes de responder una sola consulta.
Ahí aparece otra tensión menos visible para el usuario común. Mientras crecen los ingresos ligados a OpenAI, también crece la presión para levantar la infraestructura que sostiene ese negocio.
Texas ya ha establecido límites a los nuevos centros de datos de inteligencia artificial y exige auditorías antes de conectarlos a la red, una restricción que encaja con el problema energético que ya se veía en el coste eléctrico de los centros de datos.
El dinero se concentra arriba y la infraestructura aprieta abajo
OpenAI y Anthropic generan más del 70 % de los ingresos de inteligencia artificial obtenidos conjuntamente por Microsoft, Google y Amazon. El mercado parece enorme, pero buena parte del flujo real de dinero sigue dependiendo de muy pocos clientes.
Esa concentración vuelve más delicada cada cifra pendiente. A 30 de junio, Microsoft tenía 6.000 millones de dólares pendientes de cobro procedentes de OpenAI.
No es un apunte menor.
Cuando una sola empresa aporta 24.100 millones de dólares en un ejercicio y todavía deja 6.000 millones por cobrar al cierre de junio, la relación entre proveedor e impulsor del auge de la inteligencia artificial deja de parecer una simple asociación tecnológica. Se parece más a una estructura en la que ingresos, deuda e infraestructura avanzan a la vez, como ya ocurre en el atasco eléctrico de los nuevos centros.