OpenAI prueba en Codex un modo persistente que sigue entre sesiones y puede proponerse tareas por sí mismo

OpenAI está probando un modo persistente para Codex que lo mantiene activo entre sesiones, con funciones proactivas para crear tareas de seguimiento y operar con más continuidad.

29 de agosto de 2026 a las 13:30h
OpenAI prueba en Codex un modo persistente que sigue entre sesiones y puede proponerse tareas por sí mismo
OpenAI prueba en Codex un modo persistente que sigue entre sesiones y puede proponerse tareas por sí mismo

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Un asistente que no se apaga al cerrar la ventana empieza a parecer menos un chatbot y más una presencia continua.

OpenAI trabaja en un modo persistente para Codex que le permitiría seguir operando de forma autónoma entre distintas sesiones hasta que el usuario decida desactivarlo. La función aparece integrada en el menú de esfuerzo de razonamiento, un detalle que ya adelanta su coste, porque exige mucha capacidad de computación y también un consumo alto de tokens.

Sam Altman quiere que la IA deje de esperar siempre una orden

Ahí está el giro de fondo. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, resumió esa idea en una entrevista con David Senra al decir que hay “como un único producto”, el de preguntar algo a la IA, y añadió que con el tiempo quizá debería ofrecer cosas de forma proactiva.

"Hay como un único producto, que es necesito preguntar algo a la IA" y "con el tiempo, quizá la IA debería ofrecerme cosas de forma proactiva". - Sam Altman, CEO de OpenAI

No habla solo de contestar mejor, sino de cambiar el momento en que empieza la ayuda. Altman añadió que esa misma interfaz, nacida como chatbot y ampliada después con agentes de programación, podría llegar a percibirse como un agente más constante.

Thibault Sottiaux, responsable de productos principales de OpenAI, sitúa estas pruebas dentro de una cultura de trabajo muy horizontal.

"OpenAI tiene una cultura muy horizontal y se exploran muchas cosas diferentes en el repositorio de código abierto, que es, en cierto modo, nuestro patio de recreo compartido". - Thibault Sottiaux, responsable de productos principales de OpenAI

Esa frase ayuda a entender por qué aparecen funciones en experimentación antes de convertirse en producto cerrado. Un portavoz de OpenAI confirmó que la compañía está probando el modo persistente, aunque no planea lanzarlo de inmediato.

El agente puede proponerse tareas por su cuenta

La parte más delicada del diseño no está solo en que Codex recuerde, sino en que actúe. El modo persistente incorpora una función de proactividad con la que el agente puede crear tareas de seguimiento por sí mismo a partir de interacciones anteriores y del conocimiento acumulado sobre el usuario.

Eso acerca la experiencia a algo bastante cotidiano. Igual que una persona anota una llamada pendiente después de una conversación, el asistente podría encadenar pasos sin esperar a que cada orden llegue escrita de nuevo.

Al mismo tiempo, el código marca una frontera clara. El asistente no puede ampliar sus propios permisos y necesita aprobación explícita para cualquier modificación que quede fuera del ordenador del usuario.

La autonomía choca con el coste y con los límites de control

No sale barato.

Que la función viva dentro del menú de esfuerzo de razonamiento no es un detalle menor, porque vincula esa autonomía a un uso intensivo de recursos. Cuanta más continuidad, más memoria operativa, más contexto y más tokens hacen falta para sostener el hilo sin perder de vista lo ya hecho.

OpenAI no está sola en esa carrera. Anthropic, Meta y la propia OpenAI afrontan el mismo reto cuando intentan que los agentes de inteligencia artificial salgan del entorno de demostración y entren de verdad en la vida laboral y personal del usuario medio.

La contradicción aparece sola. Un asistente más útil tendría que anticiparse, pero cuanto más se anticipa, más computación consume y más importante resulta decidir hasta dónde puede actuar sin pedir permiso.

Codex ya había aparecido como agente de programación en la nube, una pista de que la conversación con la IA se desplaza hacia tareas largas y encadenadas. A la vez, los riesgos alrededor de la autonomía ya han quedado expuestos en navegadores agénticos expuestos, donde la frontera entre asistir y ejecutar se vuelve mucho menos cómoda.

El punto decisivo no está en que Codex escriba código entre una sesión y otra, sino en que pueda abrir por sí mismo la siguiente tarea. Y justo ahí, entre la promesa de una ayuda constante y la obligación de pedir permiso para salir del ordenador del usuario, se juega buena parte de esa nueva relación con la IA.

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