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La fiebre de la inteligencia artificial ya mueve decenas de miles de millones, pero también empieza a enseñar su factura.
OpenAI alcanzó en septiembre unos ingresos anualizados de 50.000 millones de dólares. La cifra impresiona, aunque Hock Tan, consejero delegado de Broadcom, recordó que la empresa sigue en pérdidas porque dedica grandes sumas al entrenamiento y que, por ahora, ese volumen solo certifica una expectativa de crecimiento.
"Muchos inversores no tienen ni idea de en qué están invirtiendo" - Hock Tan, consejero delegado de Broadcom
No habla solo de balances ni de una empresa concreta. Habla del clima que rodea a la IA, donde el dinero entra con una velocidad que a veces deja atrás la pregunta más básica de cualquier inversión, que es qué negocio real sostiene el entusiasmo.
Hock Tan comparó el mercado con un casino
Ahí aparece la imagen más áspera de su diagnóstico. Hock Tan dijo que se están fijando expectativas muy extremas y que luego muchos descubren que casi actúan como si estuvieran en un casino.
"Cuando uno es niño, va a una sala de juegos y juega. Sus padres le dan 10 dólares en fichas, se las gasta en 10 minutos y no ha aprendido nada" - Hock Tan, consejero delegado de Broadcom
Después llevó esa escena al gasto corporativo y remató que eso es lo que está ocurriendo hoy en día en las empresas. La comparación resulta incómoda porque traslada una discusión que suele sonar técnica al terreno más reconocible de una partida rápida, dinero evaporado y ninguna lección clara al salir.
Otra señal llegó desde Australia.
Firmus Grid, empresa australiana de centros de datos respaldada por Nvidia, retiró su oferta pública inicial prevista de 5.500 millones de dólares. El gesto importa porque los centros de datos se habían convertido en una de las piezas más visibles del relato de expansión y porque la retirada sugiere que el mercado ya no compra cualquier promesa al mismo precio.
Ese enfriamiento conecta con una reevaluación más amplia del riesgo. Tan Su Shan, consejera delegada de DBS Group Holdings, afirmó que el mercado está revisando los riesgos de la financiación de la inteligencia artificial después de las fuertes inversiones realizadas, una señal de que la duda ya circula también por la banca.
La escasez de equipos todavía aprieta
Sin embargo, el ajuste financiero convive con un cuello de botella muy físico. Lip-Bu Tan, consejero delegado de Intel, señaló que la rápida expansión de la inteligencia artificial implica que seguirá habiendo escasez de equipamiento durante los próximos dos o tres años.
En otras palabras, el mercado puede volverse más selectivo y aun así seguir falto de máquinas. Esa tensión ya había aparecido en el coste material de la IA, donde chips, memoria, red y centros de datos pesan tanto como los propios modelos.
Uno de los primeros segmentos que podría perder impulso es el de los chips de memoria. Lip-Bu Tan situó ahí una posible señal temprana de cansancio, algo relevante en una cadena donde no todos los componentes se recalientan al mismo tiempo.
El dinero corre más rápido que las certezas
50.000 millones de dólares de ingresos anualizados sirven para alimentar titulares, pero no resuelven por sí solos la pregunta sobre la rentabilidad. Entre pérdidas por entrenamiento, inversores desorientados, una salida a bolsa retirada y escasez de equipos, la IA ofrece a la vez una promesa de escala y una escena mucho menos glamurosa, la de empresas gastando fichas a toda velocidad mientras todavía intentan averiguar qué han comprado.