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Más de dos millones de euros en contratos vinculados a inteligencia artificial conviven en 2026 con una respuesta llamativa en las Cortes Generales. Los dos grandes partidos, PP y PSOE, aseguran que no usan estas herramientas en su actividad parlamentaria.
El dinero entra en las Cámaras mientras los partidos niegan que ya trabajen con IA
Ahí aparece una primera contradicción política. El Congreso y el Senado han adjudicado contratos relacionados con inteligencia artificial por más de dos millones de euros en 2026, pero la normalización de estas herramientas no se refleja todavía, al menos de forma reconocida, en el trabajo parlamentario de los grupos.
El Partido Popular sostiene que no cuenta con “ninguna herramienta” de este tipo y añade que no ha redactado normas de buen uso.
Por su parte, el PSOE afirma que no tiene “ni guía ni protocolo al respecto” porque, sencillamente, “no se usa” la inteligencia artificial en su actividad parlamentaria. La ausencia de reglas no llega después del despliegue, sino antes incluso de admitir que exista.
Sumar dibuja una posición menos cerrada. El grupo explica que no tiene “específicamente una guía interna” para el uso de la inteligencia artificial, una formulación que no equivale a negarla por completo y que deja margen a un terreno todavía poco ordenado.
También el Bloque Nacionalista Galego marca distancias con rotundidad. El BNG asegura que no utiliza la inteligencia artificial “en absolutamente nada” y que basa sus discursos en el argumentario.
Algunos grupos ya la rozan, aunque insisten en que la decisión sigue siendo humana
Junts admite un uso “de forma puntual” y “siempre” como herramienta de apoyo. El grupo subraya además que el contenido político está “elaborado por personas”, una precisión que revela dónde sigue estando la línea roja.
ERC describe una presencia limitada de esta tecnología en su trabajo diario. Aun así, el partido prepara un curso sobre cómo aprovechar su uso y su potencial dentro de unos márgenes, un enfoque que encaja con debates más amplios sobre registros públicos de IA cuando la administración empieza a incorporar sistemas automatizados.
"El representante no puede trasladar su responsabilidad política a la máquina" - Marc Simón, doctor en Derecho por la Universidad Internacional de Cataluña
La frase resume el núcleo del problema mejor que cualquier manual. Si un discurso, una enmienda o una pregunta parlamentaria nacen con apoyo automatizado, la responsabilidad institucional no cambia de manos aunque cambie la herramienta.
El Senado ya movió ficha y el Congreso mantiene el silencio
En febrero, la Mesa del Senado aprobó unas directrices para usar inteligencia artificial. Lo hizo al considerar que puede mejorar la eficiencia y la calidad de sus funciones de representación ciudadana.
En el Congreso, en cambio, falta esa misma claridad. La Mesa no ha respondido sobre la existencia de un acuerdo específico que regule directrices de uso, justo cuando la propia tramitación pública de la IA ya ocupa espacio en debates como la ley de IA en el Congreso.
Hay, por tanto, dos velocidades dentro de las mismas Cortes.
Regular no significa prohibir, sino decidir qué tareas no pueden delegarse
Marc Simón plantea cinco pasos concretos para ordenar este terreno. Propone elaborar una lista de usos permitidos, restringidos y prohibidos, implantar un sistema de herramientas autorizadas y fijar reglas estrictas sobre protección de datos, confidencialidad y secreto parlamentario.
Su propuesta añade otros dos elementos que pesan especialmente en una institución representativa. La supervisión humana obligatoria y un registro de los sistemas de IA utilizados por la institución funcionarían como barreras frente a una delegación opaca de tareas políticas.
La imagen final es menos futurista de lo que suele imaginarse.
Mientras varios grupos aseguran que la inteligencia artificial apenas entra en sus rutinas o no entra en absoluto, el Senado ya aprobó directrices de uso y las Cámaras han adjudicado en 2026 contratos por más de dos millones de euros relacionados con esa misma tecnología.