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La inquietud ya no gira en torno a si la inteligencia artificial cambiará las finanzas, sino a cuánto daño colateral puede dejar en el camino. Un estudio de Robocap publicado el 16 de septiembre de 2026 muestra que el 97% de los inversores institucionales y gestores de patrimonio espera que los efectos negativos de la IA sobre cuestiones ESG empeoren durante los próximos tres años.
No hablamos de una muestra menor. La investigación recoge la opinión de ejecutivos sénior de aseguradoras, gestoras de activos, fondos de pensiones, family offices y firmas de patrimonio que administran 513.000 millones de dólares en activos.
El temor ya tiene cifras dentro de las finanzas
El 44% cree que el deterioro será significativo y el 53% anticipa un empeoramiento moderado. La diferencia importa porque dibuja un consenso poco habitual, con casi todo el sector esperando más fricción ambiental, social y de gobernanza a medida que la IA gane peso.
Hay otro dato que añade una contradicción incómoda.
El 71% de los inversores considera que existe información suficiente sobre el impacto potencial de la IA en cuestiones ESG, mientras un 29% cree que la claridad sigue siendo insuficiente. Es decir, el problema no parece ser solo la falta de datos, sino lo que el sector concluye después de leerlos.
Jonathan Cohen, fundador y CIO de Robocap, pone ese contraste en palabras al hablar de una comunidad inversora que asocia las oportunidades de la IA con responsabilidades cada vez mayores.
"Aunque existe un elevado optimismo sobre el potencial de la inteligencia artificial para mejorar la productividad, la eficiencia y la innovación, también aumenta la preocupación por cuestiones como el consumo energético, la gobernanza, la privacidad, la seguridad y el futuro del trabajo" - Jonathan Cohen, fundador y CIO de Robocap
Esa mezcla de entusiasmo y cautela no cae del cielo. Cuando los inversores desglosan los riesgos, el 87% sitúa en primer lugar la posibilidad de que sistemas autónomos de IA tomen decisiones sin intervención humana, una perspectiva especialmente delicada en un sector donde una orden automática puede afectar ahorro, crédito o pensiones.
Después aparecen amenazas más reconocibles para cualquier usuario de tecnología, aunque aquí adoptan una escala corporativa. Un 71% señala las vulnerabilidades tecnológicas y el riesgo de pirateo, un 70% apunta a la vigilancia mediante IA, un 64% menciona las implicaciones éticas y un 62% cita la privacidad y la seguridad de los datos.
El empleo financiero entra en la ecuación
También el trabajo queda dentro del radar.
El 43% de los inversores espera que la IA afecte a todos los puestos del ámbito financiero, mientras un 38% cree que redefinirá de forma fundamental todos los roles. Otro 5% va más lejos y anticipa la sustitución de todos los empleos financieros, una hipótesis extrema que convive con señales de cambio ya visibles en el giro laboral de la IA.
La imagen que emerge no es la de una máquina que entra por una sola puerta, sino la de una tecnología que toca a la vez tareas, criterios de decisión y vigilancia. Por eso el debate no se limita a cuántos empleos desaparecen, sino a quién controla los sistemas y bajo qué reglas, un punto que ya ha tomado forma en los límites regulatorios en banca.
La productividad seduce, pero no borra las reservas
No todo lo que ven los inversores es amenaza. Un 59% señala el incremento de las tasas de producción como principal beneficio de la IA, junto con una mayor flexibilidad de fabricación y una mejora de la calidad.
Jonathan Cohen insiste en que la innovación responsable resulta esencial para capturar el valor de largo plazo de la tecnología. La frase suena prudente, pero también revela una idea de fondo bastante concreta, porque incluso entre quienes esperan más productividad pesa la sospecha de que automatizar más no equivale automáticamente a gobernar mejor.
Robocap mantiene exposición a esta tendencia a través de su Robocap UCITS Fund, un fondo temático de renta variable centrado en compañías cotizadas ligadas a la robótica, la automatización y la inteligencia artificial. El vehículo fue lanzado en enero de 2016 y lo gestiona desde Londres un equipo especializado.
Al final, la fotografía deja un contraste difícil de ignorar. Mientras el 59% ve ganancias de producción, el 87% teme decisiones autónomas sin intervención humana.