Roman Yampolskiy prevé automatizar todo el trabajo físico en 5 años y habla de un 99% de paro

El experto en IA y ciberseguridad sostiene que en cinco años podría automatizarse todo el trabajo físico y advierte de un escenario de paro del 99%.

28 de julio de 2026 a las 09:24h
Roman Yampolskiy prevé automatizar todo el trabajo físico en 5 años y habla de un 99% de paro
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Roman Yampolskiy dibuja un horizonte laboral casi irreconocible.

El especialista en inteligencia artificial y ciberseguridad sostiene que en cinco años también podrá automatizarse todo el trabajo físico. No habla solo de oficinas ni de tareas digitales, sino de una sustitución mucho más amplia, capaz de alcanzar empleos que hasta ahora parecían ligados al cuerpo, la presencia y la destreza manual.

Yampolskiy sitúa el golpe en el empleo mucho más arriba del miedo habitual

Durante su intervención en un podcast, Yampolskiy llevó esa idea hasta su consecuencia más extrema. A su juicio, no tendría sentido contratar humanos para la mayoría de los trabajos, una frase que desplaza el debate desde la productividad hacia algo más áspero, que es el propio valor económico del trabajo humano cuando una máquina puede hacerlo casi todo.

Ahí aparece la cifra que convierte una advertencia en un vértigo concreto.

Yampolskiy no habla de un 10% de paro, sino de un 99%.

Esa proporción no describe una corrección del mercado laboral, sino una demolición de su escala conocida. La diferencia importa porque un 10% ya entra en la conversación pública como una crisis severa, mientras un 99% obliga a imaginar una sociedad donde trabajar dejaría de ser la experiencia central de la mayoría.

No todos los oficios desaparecerían porque algunos cumplen otra función

Sin embargo, su pronóstico no elimina por completo a los trabajadores humanos. Yampolskiy cree que seguirán existiendo empleos en los que la presencia de una persona no responda solo a la eficiencia, sino también a razones sociales, culturales o emocionales.

Entre esos casos menciona a los psicólogos.

La observación tiene algo revelador porque desplaza el foco desde lo que una máquina puede hacer hacia lo que una sociedad quiere conservar. Un empleo puede sobrevivir no por falta de tecnología, sino por la necesidad humana de trato, confianza y vínculo.

Los perfiles con futuro no compiten contra la IA, sino que trabajan alrededor de ella

Cuando Yampolskiy identifica salidas profesionales, no apunta a una resistencia frontal contra la automatización. Señala dos perfiles muy concretos, los dedicados a supervisar la tecnología de inteligencia artificial y los capaces de aplicar y transmitir su valor a empresas y ciudadanos.

Visto así, el trabajo no desaparecería de la misma manera para todos. la supervisión humana real ya forma parte del debate cuando los algoritmos entran en contratación, rendimiento o despidos, y también gana peso quien sepa traducir una herramienta técnica a decisiones comprensibles para una empresa o para un ciudadano corriente.

No es un matiz menor.

Los dos perfiles que Yampolskiy salva tienen menos que ver con ejecutar tareas y más con vigilar, interpretar y explicar. Esa idea encaja con un mercado donde el valor ya no estaría en hacer una tarea mejor que una máquina, sino en decidir dónde ponerla, cómo controlarla y qué límites sociales conviene no cruzar.

La paradoja final resulta difícil de esquivar, porque el mismo escenario que promete automatizar casi todo deja en pie justo los trabajos donde más cuenta el criterio humano o la necesidad de sentirse acompañado.

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