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La inteligencia artificial no está golpeando a todos por igual en el mercado laboral. El corte aparece con más nitidez entre quienes apenas acaban de entrar.
Un estudio de la Universidad de Stanford, basado en datos salariales anonimizados de ADP, detecta que entre las personas de 22 a 25 años la tasa de empleo en profesiones muy expuestas a la inteligencia artificial es un 19 % inferior a la de las menos expuestas.
El hueco para los más jóvenes creció en un solo año
El dato impresiona más cuando se coloca junto al del año pasado. Entonces la diferencia en ese mismo grupo de edad era del 13 %, de modo que la brecha aumentó seis puntos en apenas un año.
No hablamos, además, de un ajuste uniforme en toda la fuerza laboral. Los trabajadores de mayor edad y con más experiencia no muestran esas mismas diferencias en el conjunto del mercado.
Ahí asoma una escena bastante reconocible fuera de las tablas. El primer empleo suele entrar por tareas repetitivas, de apoyo o de aprendizaje, y precisamente ahí la automatización encuentra terreno fácil para avanzar.
Stanford sitúa el problema en la contratación, no en los despidos
Los investigadores concluyen que la caída del empleo juvenil no responde a una oleada de salidas de empleados actuales. El descenso se explica por una contratación menor de jóvenes en las profesiones más expuestas a la inteligencia artificial.
Eso cambia la lectura del fenómeno. No desaparece tanto un puesto ya ocupado como la puerta de entrada para quien esperaba cruzarla por primera vez.
Una cifra resume bien esa tensión.
Entre los 22 y los 25 años, la distancia de empleo pasó del 13 % al 19 % en un año, mientras esa fractura no aparece con la misma intensidad entre los perfiles de más recorrido.
La sustitución pesa más que el apoyo a las tareas
Stanford también distingue entre dos formas muy distintas de convivir con la inteligencia artificial. El descenso del empleo juvenil es mayor en las profesiones donde la tecnología sustituye tareas que en aquellas donde actúa como apoyo o complemento.
Esa diferencia ayuda a entender por qué no basta con preguntar si la inteligencia artificial entra en un trabajo. Importa mucho más saber si llega para recortar funciones de base o para acompañarlas, una discusión que ya ha aparecido en el reordenamiento del empleo y en las nuevas exigencias para jóvenes.
Visto así, el problema no consiste solo en que haya menos puestos. Consiste en que el tramo inicial de muchas carreras, ese donde antes se aprendía haciendo, empieza a encogerse justo en las ocupaciones más expuestas.