Stanford crea 16 bacteriófagos viables con IA a partir del genoma del virus ΦX174

Un equipo de Stanford usó IA generativa para diseñar miles de genomas de bacteriófagos; casi 300 llegaron al laboratorio y 16 funcionaron como virus viables.

09 de agosto de 2026 a las 17:53h
Stanford crea 16 bacteriófagos viables con IA a partir del genoma del virus ΦX174
Stanford crea 16 bacteriófagos viables con IA a partir del genoma del virus ΦX174

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Diseñar un virus desde cero y comprobar que funciona ya no pertenece solo al terreno de la evolución natural.

Un equipo de la Universidad de Stanford ha logrado construir genomas completos y funcionales de bacteriófagos mediante inteligencia artificial generativa. El trabajo apareció en Science y tomó como plantilla a ΦX174, un virus que infecta a la bacteria Escherichia coli.

La IA escribió miles de genomas y solo 16 cobraron vida

De miles de secuencias generadas con los modelos Evo 1 y Evo 2, los investigadores llevaron casi 300 al laboratorio mediante síntesis química. Después comprobaron cuáles podían dar un paso decisivo, convertirse en bacteriófagos viables.

Solo 16 de esos genomas sintéticos dieron lugar a virus viables en las pruebas de laboratorio.

La cifra puede parecer modesta, pero contiene la parte más sugerente del hallazgo. Aquí no se trataba de copiar un genoma ya existente con pequeños retoques, sino de explorar combinaciones nuevas y ver si alguna conservaba la capacidad de funcionar dentro de un sistema biológico real.

Víctor de Lorenzo sitúa el hallazgo donde más incomoda

Víctor de Lorenzo, Profesor de Investigación en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, observa este resultado desde fuera del estudio. Su lectura no se detiene en el éxito técnico, sino en lo que revela sobre los límites de la naturaleza conocida.

"La aportación científica más relevante del estudio no es únicamente el éxito técnico alcanzado, sino la demostración de un principio mucho más profundo: la evolución natural ha explorado solo una pequeña fracción del espacio funcional potencial". - Víctor de Lorenzo, Profesor de Investigación en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC)

Esa idea desplaza el foco. Si la evolución ha recorrido solo una parte del mapa, entonces la biología sintética deja de mirar únicamente lo que existe y empieza a tantear lo que podría existir.

Algo parecido ya asoma en diseño de moléculas con IA, donde el interés no está solo en acelerar cálculos, sino en recorrer territorios químicos que nadie había probado antes. En Stanford, esa misma lógica se aplicó al genoma de un bacteriófago, que es una pieza mucho más delicada porque cualquier cambio puede romper su capacidad de infectar bacterias.

El resultado no copia la naturaleza y la obliga a ensancharse

De Lorenzo lleva la consecuencia un paso más allá.

"En consecuencia, resulta posible concebir y construir cromosomas y sistemas biológicos con arquitecturas, composiciones y propiedades funcionales que difieren sustancialmente de las que conocemos en la naturaleza. Esta idea amplía de forma extraordinaria el horizonte de la biología sintética y redefine nuestra concepción de lo que constituye un genoma posible". - Víctor de Lorenzo, Profesor de Investigación en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC)

No participó en la investigación, y precisamente por eso su comentario funciona como una medida externa del alcance conceptual del trabajo. La cuestión de fondo no es solo cuántos genomas funcionaron, sino qué significa que una máquina pueda proponer secuencias biológicas capaces de sostener una función.

Mientras otros equipos ya prueban vacunas diseñadas con IA, este experimento empuja la conversación hacia un nivel más básico. Ya no habla de optimizar una herramienta conocida, sino de escribir desde el principio una estructura biológica completa y comprobar si la vida, en su versión más mínima, la acepta.

Entre miles de genomas imaginados por la IA, 16 bastaron para demostrar que el espacio de los genomas posibles es mayor que el catálogo que la naturaleza ha dejado visible hasta ahora.

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