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Perder peso, sonreír ante el espejo y prometer una vida mejor. Ese era el guion que repetían varias falsas influencers de TikTok creadas con inteligencia artificial hasta que la plataforma cerró sus cuentas el 11 de septiembre por incumplir sus Normas de la Comunidad.
La investigación rastreó una decena de perfiles que promocionaban guías y aplicaciones para adelgazar y puso el foco en cinco cuentas que superaban los 180.000 seguidores. No hablamos de perfiles marginales, sino de escaparates con alcance suficiente para convertir una ficción visual en rutina de pantalla.
Un patrón demasiado repetido delató que los vídeos no nacían de una cámara
Carmen Hernáez, investigadora del equipo, explicó cómo empezó todo.
"Es curioso porque los hemos encontrado navegando en TikTok un día cualquiera. Encontramos un perfil que nos llamó mucho la atención porque todos sus vídeos eran muy parecidos y repetían esa misma idea de un cambio de peso del antes y el después" - Carmen Hernáez, investigadora del equipo
A partir de ahí llegaron las comprobaciones técnicas. Hernáez contó que pasaron los perfiles por herramientas de detección de IA y que la mayoría arrojó una probabilidad superior al 90% de haber sido creada con inteligencia artificial.
Hive Moderation y Truth Scan situaron esa fiabilidad en el 99%, el 92% y el 80%.
Además, Google SynthID indicó que los vídeos de dos de los perfiles analizados habían sido creados con la inteligencia artificial de Google. La coincidencia entre varias herramientas no prueba solo una sospecha visual, también dibuja un rastro técnico detrás de unas cuentas que intentaban parecer cotidianas.
Francesc Tarrés, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña y consejero delegado de Ugiat Technologies, puso nombre a esa escenografía repetida. En su análisis aparecen siempre los mismos escenarios de referencia, como el baño, el espejo, el armario o la televisión, elementos pensados para dar credibilidad al perfil.
También detectó algo más incómodo. La repetición del mismo esquema en todos los vídeos resultaba muy sospechosa y, junto con la ropa, el entorno y los complementos, apuntaba al uso de las mismas herramientas para generarlos.
No era solo una cuestión de estética. Como ya ha ocurrido en contenido sintético en TikTok, la apariencia de normalidad funciona mejor cuando el decorado se parece al de cualquier dormitorio o cualquier cuarto de baño.
El engaño no vendía solo una dieta, también una identidad reconocible
Amanda Risdal, creadora de contenido deportivo, denunció que perfiles falsos robaron sus vídeos reales para superponer inteligencia artificial y recrear sus escenarios y movimientos. El problema ya no era una modelo inventada desde cero, sino el secuestro visual de gestos y espacios de una persona real.
Ahí aparece una pregunta incómoda. Si un usuario reconoce un cuerpo, una habitación o una forma de moverse, baja la guardia antes de preguntarse si lo que ve ha ocurrido de verdad.
Cristina Saiz Manceñido, psicóloga especializada en baja autoestima y depresión en la adolescencia, recordó que las mujeres han estado históricamente mucho más sometidas a una valoración social basada en su apariencia. En jóvenes, esa presión gira hacia la delgadez o ciertas proporciones corporales y, más adelante, se suma la exigencia de parecer siempre joven y ocultar el envejecimiento.
En los hombres, añadió, suele imponerse otro ideal corporal. Mientras en mujeres pesa la presión hacia la delgadez, en hombres domina el cuerpo musculado y definido.
María Martín-Vivar, doctora en psicología clínica y de la salud y presidenta de la Asociación Española de Psicología del Niño y Adolescente, identificó en estos vídeos un mensaje muy concreto. Cambiar la apariencia se presenta como si bastara para arreglar la vida entera, una ilusión que ella relaciona con el control compensatorio.
Ese mecanismo no actúa en abstracto. Insiste en que modificar el peso corporal permitiría dominar otras áreas de la vida y alcanzar más éxito y felicidad, de modo que los jóvenes pueden normalizar como alcanzables cambios físicos radicales en muy poco tiempo aunque sean falsos.
Detrás del reto viral había promesas que casi nunca pueden cumplirse
Júlia Farré, dietista-nutricionista y directora del Centro Julia Farré, recordó que los retos de cambios físicos existen desde hace tiempo. Su fuerza no está solo en la promesa del resultado, también en la sensación de comunidad que produce sumarse al reto.
Ese gancho tiene un precio cuando la guía promete lo mismo para cualquiera. Farré advirtió de que esos materiales no tienen en cuenta la edad, el peso ni la posible enfermedad de cada persona y que probablemente responden a una operación de marketing sin profesionales sanitarios detrás.
El problema aparece después.
Cuando el cuerpo no cambia como prometían los perfiles, muchos usuarios concluyen que han fallado ellos. Farré recordó que el programa ofrece resultados que no van a ocurrir en el 98% de los casos, así que la frustración nace de una promesa falsa y no de una falta de voluntad.
Inka Miñambres, doctora del comité gestor del área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, añadió que una pérdida rápida de peso puede acarrear efectos secundarios visibles o no visibles. Entre la imagen perfecta del antes y el después y el cuerpo real del usuario hay, al final, una distancia que ninguna app puede maquillar.